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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 980

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 29. Un hombre muy territorial

Chloe la miró de reojo. No iba a responder, pero tampoco hizo falta porque la licenciada Hawkins alzó la mirada en ese momento como un radar detectando molestias.

—Sandra —le dijo a la pasante con tono mitad severo y mitas sarcástico—, Chloe hizo en medio día lo que tú no hiciste en una semana. Y ella no viene recomendada por nadie más que por su expediente académico; uno que, indiscutiblemente, es muchísimo mejor que el tuyo. Así que en vez de hacer comentarios innecesarios, preocúpate de no molestar a la mujer que probablemente será tu jefa un día. ¿Quedó claro?

Silencio. Ni un alma respiró; pero Chloe sintió un calorcito en el pecho. Hawkins podía ser estricta, pero era justa y eso le gustó.

Lo poco que faltaba del día pasó volando, y Chloe estaba exhausta pero satisfecha. Recogió sus cosas al final de la jornada y se dirigió a la oficina de Elías, pero apenas abrió las puertas, él ya estaba ahí esperándola en el ascensor, recostado contra la pared, como si fuera parte del edificio.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendida.

—Esperarte —respondió él con naturalidad.

Chloe miró alrededor mientras se subía al ascensor y miró a todos los que se subían después con un poco de nerviosismo.

—Este… no tenías que hacerlo. Puedo tomar un autobús.

—Claro que puedes, pero me gusta ser caballeroso —dijo él mientras se acomodaba el saco—. Y además, estoy marcando territorio.

Chloe arqueó una ceja, apretando los labios para no reír.

—¿Perdón?

—¡Hay demasiados hombres en esta empresa! —dijo en voz baja, acercándose un poco—. Y todos tienen ojos. No quiero que ninguno se confunda. Todo esto: —sentenció encuadrándola con sus manos—, es mío.

—¡No me digas!

—Es más, acércate para acá, a ver si alguien toma una foto y lo esparce por la empresa. Estamos en el negocio del chisme, ¿no?

—¡Señor Keller! —exclamó Chloe poniéndose colorada de la vergüenza cuando las demás personas en el ascensor empezaron a reír por lo bajo, y Elías se quedó paralizado.

Un segundo después golpeaba el botón de detener el ascensor y echaba a todos fuera con dos gritos antes de cerrar la puerta de nuevo y volverse hacia ella.

—Si me dices así de nuevo te voy a besar —gruñó con un siseo ronco mientras trataba de contener todo lo que aquellas dos simples palabras le habían provocado.

Chloe pasó saliva sintiendo su cercanía. Parecía como si su cuerpo exudara calor y ella fuera de verdad un bomboncito que pudiera derretirse por él.

—Elías… —trató de calmarlo y lo vio sonreír con más compostura.

—Eso está mejor —suspiró él—. Vámonos a casa. ¡Soy una maldit@ bomba de tiempo cuando estoy a tu alrededor, terroncito! A este paso también te empezaré a descontar el psiquiatra del salario.

—¡Tú no me pagas salario, tacaño!

—¡Pues te lo pagaré solo para poder descontártelo! —exclamó él poniendo el ascensor de nuevo en movimiento, pero era indudable que estaba disfrutando de todo aquello.

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