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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 981

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 30. Un tipo de hombre

Chloe puso espacio de por medio, metros cuadrados, un sofá del salón y hasta la encimera de la cocina, el problema era que el juego le gustaba, él le gustaba, aquella cosa que tenían le gustaba.

—Voy a quitarme el traje de pingüino —anunció Elías finalmente mientras caminaba hacia su habitación—. No entiendo cómo alguien puede vivir todos los días metido en esto. Los zapatos me están matando, y solo quiero bañarme.

Chloe se rio, parapetada detrás de la isla de la cocina.

—Es parte del sacrificio por estar a la altura de la mujer que te está revolucionando la vida —le gritó y lo vio asomar la cabeza.

—¡Exactamente! ¡Para que veas las cosas que haría por ti, terroncito! —le respondió él desde dentro, mientras se escuchaba cómo abría cajones y tiraba ropa al piso.

Cuando volvió, venía bañado, con una camiseta gris y pantalones de algodón. Se veía infinitamente más cómodo, y terriblemente húmedo todavía.

Chloe también se había puesto cómoda y aquellos vestidos que Odette le había dejado parecían de verdad un guante para su cuerpo. Le encantaban y la hacían sentirse bonita.

—¿Quieres cocinar o pedimos algo? —le preguntó Elías y la vio encogerse de hombros.

—Podríamos cocinar juntos —propuso ella.

—Perfecto —dijo él mientras se dirigía a la cocina—. A ver qué tenemos…

Abrió la nevera y se quedó mirando el interior con cara de decepción.

—Ok… tenemos jugo, más jugo, hummus, un paquete de uvas, y… ¿galletas de dinosaurio?

Chloe asomó la cabeza desde el marco de la puerta y soltó una carcajada.

—Eres un adulto con alma de niño.

—Soy un adulto con alma de sobreviviente —dijo él cerrando la nevera—. Vamos a pedir tailandés, pero mañana vamos al super y llenamos la despensa, no puedo esperar a cocinar contigo.

—Soy una cocinera medio decente, nada extraordinario —le advirtió Chloe y él solo hizo un gesto de indiferencia.

—Aunque me envenenes, la experiencia es lo importante, no te imaginas todo lo que voy a ensuciar accidentalmente a propósito para luego poder limpiarlo… —suspiró—, con la lengua —dijo más bajo y Chloe le abrió mucho los ojos.

—¡Eres un pervertido! —se carcajeó—. ¡Ya pide la comida, tengo hambre! —exclamó Chloe y de repente se quedó muda, como si no creyera que había dicho eso en voz alta.

Habían pasado años desde la última vez que había dicho esa frase con libertad. En la casa de sus padres era como si no tuviera derecho a tener hambre como las personas normales. Simplemente insinuarlo era motivo de burla de parte de Claire o de reproche de parte de su madre, así que Chloe se había acostumbrado a comer a escondidas y no decir jamás delante de nadie que tenía hambre.

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