CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 32. Un momento peligroso
Chloe no podía más.
Tenía la cabeza hecha un nudo, el pecho apretado y la paciencia colgando de un hilo. Sentía que en cualquier momento iba a explotar, o a llorar, o a gritarle a alguien. Tal vez las tres cosas al mismo tiempo.
Se frotó las sienes con fuerza, como si así pudiera sacarse de encima toda esa carga absurda que le habían echado encima desde que tenía memoria, y todo lo que había pasado en los últimos días. La mitad de su vida era puro desastre y la otra mitad pura incertidumbre, y eso le tenía los nervios a flor de piel.
—¿Qué tengo que hacer? —gruñó Elías, observándola con una intensidad que casi la desarmaba.
—Nada —murmuró ella, sin atreverse a mirarlo.
—No me digas que nada, Chloe.
—Elías, por favor… —dijo, alzando una mano para detenerlo, pero él no se detuvo.
Claro que no. Elías Keller nunca se detenía cuando se trataba de hacerle ver lo que él sentía. Esa era una de las cosas que más la desconcertaban: esa seguridad, esa constancia. ¡Ese maldito control de todo!
—Ya es hora de que sueltes toda la porquería que tu madre y tu hermana te metieron en la cabeza —dijo él con firmeza.
—¿Y tú crees que es tan fácil? ¿Que vengo, me lo sacudo de encima y ya está? —le respondió ella, fastidiada—. Sé que tengo que hacerlo, pero no es fácil, y además tengo que hacerlo sola. ¡No puedes resolverlo todo, Elías!
—Tal vez no —dijo él, clavando sus ojos en ella—. Pero eso no significa que voy a quedarme callado mientras la chica más hermosa del mundo sigue creyendo que no vale nada.
Ella se quedó helada, y lo miró, boquiabierta.
—¿Disculpa?
—¡Eres preciosa, condenada! Eres linda, atractiva, sexy. ¡Ya es hora de que empieces a sentirte así! ¡Es más, es una orden! —rezongó él.
—¡¿Una orden?! —reclamó Chloe, sintiendo el rubor subirle por el cuello—. ¡No puedes ordenarme cómo sentirme, idiota! ¡Y no soy tu empleada aquí! ¿OK? ¡Así que bájale dos rayitas, señor Keller!
Elías entrecerró los ojos y una sonrisa peligrosa apareció en los labios mientras cruzaba la habitación.
—¡Maldición, no puedes decir que no te lo advertí! —dijo justo antes de que su cuerpo colisionara con el de Chloe, llevándola contra la barra y asaltando su boca como si fuera terreno de conquista.
No hubo duda, ni permiso, ni rodeos. Fue un beso lleno de furia contenida, de frustración y ternura, de ganas de hacerla sentir todo lo que ya no sabía cómo ponerle en palabras. Chloe se quedó paralizada por un instante, con el corazón latiendo tan a prisa que parecía que se le iba a salir del pecho. La habían besado antes… pero nada como aquello. La lengua de Elías se hundía en su boca con un sabor feroz y delicioso, y sus brazos la rodeaban con un gesto posesivo y lleno de deseo.
Cerró los ojos, porque no podía hacer otra cosa, y respondió de la misma manera. Se dejó llevar por aquella vorágine de placer y lo besó como si su vida dependiera de eso, como si con cada movimiento de su boca pudiera borrar cada frase hiriente que había escuchado desde que era niña.
Su cuerpo desprendía un calor especial, uno que tampoco había sentido antes, como si el placer simple de los besos y las caricias fuera un capítulo desconocido que jamás le hubieran permitido leer. Sintió la mano de Elías enredándose con la suya, sujetando su muñeca y guiándola despacio… hacia abajo.
Chloe se tensó, sorprendida, pero no se apartó.
—Esto eres tú, toda tú —gruñó Elías sobre sus labios mientras sujetaba la mano de Chloe sobre su erección por encima de su bragueta—. Me estás matando lentamente y esto no se puede fingir, terroncito. Me gustas, me encantas, te deseo, eres hermosa… y si no me crees así entonces déjame ponértelo más vulgar: eres la puta mujer más follable que he conocido en mi vida y me estoy muriendo por hacerte cosas que no podría ni decir en voz alta. ¿Entiendes?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
Faltan muchos capítulos y la verdad es que está súper entretenida...
Los siguientes capítulos no se ven 🥺 estan buenísimas estas historias, espero puedan resolverlo!...
No se ve el capítulo...
When reading the parts containing images accompanied by random words, it feels really uncomfortable. Perhaps I and many readers will leave this website....