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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 988

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 37. Sin espacio para arrepentimientos

Vamos a aclararlo. La simple palabra “problema” en los labios de Chloe era más que suficiente como para que a Elías se le aflojaran las rodillas. Saltó por encima de un sofá y un segundo después estaba en la puerta de aquel baño.

—¿Qué pasó, terroncito? ¿Estás bien? —le preguntó apurado y la escuchó murmurar algo ininteligible antes de suspirar.

—Este… es que creo que Odette se confundió y no me puso ropa para dormir.

—¿Eh…? —Elías carraspeó sorprendido.

—¡Bueno! Técnicamente sí la puso pero… no puedo usar esta ropa. ¿Me puedes prestar algo tuyo? —le pidió y Elías sonrió con suavidad.

—Claro que sí, terroncito, enseguida te busco algo —le dijo y cabe decir que la intención era buena, pero el resultado sería un fiasco, porque cuando se detuvo frente a su closet, se encontró con que estaba vacío—. Pero ¿dónde está toda mi ropa…? —murmuró sorprendido y enseguida se puso a rebuscar en todos los cajones hasta que en uno encontró solo un pantalón de algodón y una nota.

“No necesitas más para una noche”.

—¿Eh…? —¡Ni siquiera ropa interior suya habían dejado allí!—. ¡¿Pero a quién se le ocurrió esta tontería?! —exclamó con frustración, y con aquel pantalón en el puño regresó con Chloe.

—Terroncito, va a ser que sí tenemos un problema —le dijo y Chloe abrió una rendija para asomarse.

—¿Qué pasó?

—Mi ropa desapareció —le dijo, mostrándole el pantalón—. Esto es lo único que quedaba y obvio que no puedo dormir desnudo. Así que lo que “técnicamente” Odette te haya echado en la bolsa tendrá que bastar. ¿No te sirve?

El tono de Elías realmente era preocupado así que Chloe ya podía imaginarse que aquella jugarreta no venía de él. Y a Odette no podía pegarle porque era su jefa y porque además ya entendía la intención con que lo había hecho.

—Sí me sirve… pero no creo que me quede bien… y no quiero que me veas con esto.

—¡¿Qué?! ¡¿Pero cómo se te ocurre, terroncito?! —la regañó Elías haciendo un escándalo—. ¡Lo que sea que tengas puesto se te va a ver hermoso! ¡A ver abre esa puerta!

—¡No Elías, es que…!

—¡Que estás linda, terroncito, no tengo ni que verte para…!

Y no debió hacerlo. Elías Keller debió dejar aquella puerta cerrada con cuatro llaves, porque en el mismo momento en que la abrió, la imagen lo hizo tambalearse. Chloe llevaba un conjunto de lencería negra bajo una bata de satín negro demasiado corta para ocultar algo y definitivamente… definitivamente.

Elías se dio la vuelta en un segundo y Chloe contuvo el aliento, porque aquel gesto sí que no se lo esperaba. Él solía ser coqueto y descarado, así que aquella seriedad repentina fue una como una pequeña aguja atravesando su corazón.

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