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UN BEBÉ PARA NAVIDAD romance Capítulo 991

CURVAS DE INFARTO. CAPÍTULO 40. Un poquito de confianza en sí misma

El viaje de regreso a la ciudad fue tranquilo… más o menos. Chloe se pasaba el camino lanzándole miraditas a Elías, que tenía el volante apretado como si de verdad la camioneta fuera a escaparse volando.

—¿Por qué estás tan sudado? —preguntó Chloe, mordiéndose la risa.

Elías soltó un bufido y no la miró, como si el paisaje de la autopista fuera súbitamente lo más interesante del mundo.

—Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no repetirte el castigo, terroncito —gruñó con una sonrisa descarada—. Créeme, no quieres saber lo difícil que es.

Chloe soltó una risita, sabiendo perfectamente que lo estaba torturando un poquito a propósito. Pero si era sincera, ella también quería repetir el “castigo”.

—Algo me dice que tendré que empezar a portarme mal —murmuró mientras Elías se llevaba una dramática mano al corazón.

Ocuparon el resto del día paseando por la ciudad, tomaron helado, caminaron por el parque y se sentaron en la fuente a mojarse los pies. Cada tanto, Chloe volvía a preguntarle si estaba bien, solo para verlo fruncir el ceño y sudar todavía más.

—¿Otra vez sudando? —preguntó ella, alzando una ceja con inocencia fingida.

Elías soltó una carcajada ronca y la jaló del brazo, haciéndola caer en su regazo.

—¡Terroncito… si es que eres malvada al final! Estoy loco por ti, ¿qué esperabas? —susurró él contra su cuello, haciéndola estremecer—. Me tienes al borde del colapso. Cuanto más te toco, más te quiro tocar, no hay punto medio para mí y lo sabes.

Ella escondió su sonrisa contra su pecho, sintiéndose ligera, casi flotando. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía realmente feliz y sabía que eso era producto de dos cosas importantes: la primera era el haberse alejado de las personas que la lastimaban, y la segunda era quererlo a él, que la quería de vuelta con más intensidad de la que jamás se habría atrevido a imaginar.

Cuando finalmente volvieron al departamento, Chloe intentó irse discretamente hacia su habitación. Pero apenas puso un pie en el pasillo, Elías la cargó como si fuera un cavernícola.

—¡Elías, bájame! —gritó Chloe y él le dejó caer una sonora nalgada en el trasero.

—Ni sueñes que vuelves a dormir sola, terroncito —dijo él, empujando la puerta de su propia habitación con la cadera—. Esta cama ya es de los dos. Punto.

Y vamos a dejarlo en que ella discutió, él la castigó por discutir, y cada uno comenzó su semana con una enorme sonrisa en los labios.

Al día siguiente, después de las clases en la universidad, Chloe llegó corriendo a la sede de Odette para su sesión de fotos. Iba nerviosa, con las manos sudorosas, preguntándose si de verdad sería capaz de hacer lo que había prometido.

Odette la recibió con una mirada de satisfacción y cruzó los brazos.

—¿Lista para la lencería? —preguntó arqueando una ceja.

Chloe tragó saliva, pero enderezó los hombros y asintió.

—Sí.

Odette soltó un gritito de victoria y giró sobre sus talones.

—¡Sabía que iba a funcionar! ¡Chicos, prepárense, porque hoy haremos historia!

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