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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 188

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Sofía escuchaba todo, sintiendo a partes iguales asco y ganas de reír.

Ahí iban de nuevo.

Otra vez la historia de que ella era la mala que lastimaba a todos.

¡Ah, pero esta vez era mucho más grave! No solo había lastimado a todos, sino que además era la asesina de Rosa.

A saber qué tipo de castigo enfermizo se les ocurriría.

Leandro, con expresión severa, habló: —Técnicamente, los asuntos de mi familia no son responsabilidad de la doctora. Que usted nos enviara ayuda fue un gran favor, abuela, y si ella se niega, no tenemos derecho a exigirle nada. La doctora Valdivia trabaja para usted. En el caso de mi hermana, ella no era la médica encargada, así que, legalmente, no podemos culparla de su muerte.

—¡Lean... dro! —Isabel abrió los ojos como platos.

¿Iban a dejar ir a Sofía así de fácil?

¡Había muerto alguien!

Pero tampoco podía decir la verdad en voz alta: que fue Cristina quien mandó poner las serpientes en el jardín y que, de alguna manera, los animales escaparon y terminaron atacando a Rosa. Todo eso complicaba la situación.

Quería que Sofía pagara con sangre, pero no podía confesar la trampa.

¡Qué coraje tan frustrante!

Leandro continuó: —Sin embargo, a nivel personal, sugiero que la despida de inmediato. Demostró una completa negligencia en su trabajo y demostró que no tiene la ética ni la vocación que un médico debería tener para salvar vidas.

—¡Excelente! —exclamó la señora Solis.

Desde hacía tiempo quería deshacerse de Sofía.

Si no fuera porque el mismísimo Samuel Solis había dicho que le caía bien, ya la habría echado a la calle.

Pero los eventos de esa noche le habían mostrado la verdadera cara de la doctora. Era una mujer vulgar e hipócrita. ¡No importaba si a Samuel le caía bien, la familia Solis no toleraría a alguien así en su entorno!

Leandro remató con frialdad: —Pídale a su abogado que redacte un acuerdo de terminación de contrato ahora mismo. Hay que cortar todo lazo hoy, para asegurarnos de que cuando no tenga qué tragar en Rosarito, no regrese a rogarle por caridad.

Perfecto.

La señora Solis relajó por fin el ceño.

Ver a la doctora Valdivia terminar en la calle, muerta de hambre y viviendo en la miseria, sería un excelente tributo al alma de la difunta Rosa.

Isabel también sonrió, encantada.

Leandro mismo le estaba clavando el puñal por la espalda a Sofía, empujándola al abismo.

Con esto no solo vengaba a Rosa, sino que demostraba que no le quedaba ni un gramo de amor por su exesposa.

Leandro le pertenecía por completo a ella.

Sofía, por su parte, estaba más que satisfecha con ese arreglo. Escuchó todo en silencio, sin rechistar.

El documento fue redactado rápidamente.

La señora Solis firmó y puso su huella dactilar.

Cuando Sofía estampó su firma y su huella, sintió que el alma le volvía al cuerpo.

—Ya puedes largarte —dijo la anciana, sin una gota de cortesía.

—Muy bien.

—A partir de hoy, tú y yo no tenemos nada que ver. No te atrevas a regresar a lloriquearme, jamás volveré a contratarte.

El momento que colapsó las redes fue el discurso de amor de Leandro.

Se arrodilló sobre una pierna, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, y le declaró su amor frente al mundo:

—Isabel... en el momento más oscuro y miserable de mi vida, fuiste tú quien me dio una razón para seguir viviendo. Fuiste mi luz, quien me dio la fuerza para levantarme.

—Si no fuera por ti, no sé dónde estaría ahora.

La voz de Leandro se quebró.

Apretó los labios.

Tragó saliva para calmarse y continuó.

—Si no fuera por ti, probablemente me habría hundido en el infierno, destruyéndome a mí mismo. O tal vez habría envejecido solo y amargado... o simplemente habría desaparecido de este mundo.

—Gracias a ti, mi hermosa Isa, eres lo más valioso que tengo.

—Te juro que te cuidaré, te protegeré y juntos construiremos un imperio.

—Y hoy, frente a todo el país y nuestros invitados, te hago una promesa: el día de nuestra boda... le entregaré a la mujer de mi vida el regalo más espectacular que alguien pueda imaginar.

Los aplausos resonaron como truenos.

El presentador del evento bromeó: —Señor Corona, ¿podría darnos una pequeña pista de qué tan... espectacular será ese regalo?

Leandro miró fijamente a Isabel, que sonreía como si hubiera ganado la lotería.

—Será un regalo inmenso, algo que pesará en la historia. Y estoy seguro de que mi Isa nunca lo olvidará. ¡Le garantizo que se llevará la sorpresa de su vida!

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