Comparada con todas esas mujeres libres y despreocupadas que vivían la vida loca, ella parecía una señora cincuentona, totalmente desconectada de las tendencias modernas.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando...
¡Fiiiu!
Una notificación de WhatsApp apareció en la parte superior de la pantalla.
Entró al chat de inmediato.
Era de Lorenzo Lira. Le había mandado una foto enorme y un mensaje de texto.
[Foto: Boda Sofía y Lorenzo] / [Emoji de carcajada]
[Yo mismo me enamoré de lo guapos que salimos. ¡Somos la pareja perfecta! No hay nada que envidiarle a esos simples mortales / Emoji de abrazo]
¡Dios mío!
Sofía miró la "foto de boda" y no pudo evitar soltar una carcajada.
Era de aquel día en que se compró el carísimo vestido de 48,000 pesos y fue a la oficina de Lorenzo súper arreglada. Él le había tomado una foto a escondidas.
En la imagen, ella aparecía con un vestido blanco perla, ceñido al cuerpo y con un solo hombro al descubierto, su largo cabello negro y lacio caía suelto, adornado con una pequeña horquilla de cristal. Se veía espectacular, con una sonrisa dulce y ligeramente inclinada hacia adelante, justo en el momento en que dejaba una taza de café sobre la mesa.
Lorenzo había borrado la mesa con Photoshop y se había pegado a sí mismo en su lugar.
Como la mesa era bajita, en el fotomontaje Lorenzo aparecía arrodillado frente a ella, sosteniendo un enorme ramo de flores, mirándola con cara de enamorado perdido, mientras la mano de Sofía, que originalmente sostenía la taza, ahora parecía estar acariciándole la mejilla.
Y por si fuera poco, Lorenzo incluso le había editado un delicado velo de novia sobre el cabello.
[¿De dónde sacaste esto?] preguntó Sofía, divertida.
Lorenzo: [Lo edité con Photoshop.]
Y mandó otro mensaje: [Lo hice con mis propias manos.]
Y otro más: [Quedó hermosísima, ¿verdad?]
Claro que sí. Los dos eran muy atractivos, y con los filtros de la aplicación, el resultado era ridículamente perfecto, digno de una portada de revista.
Además, ese día ella había invertido los ahorros de su vida en ese vestido, y la verdad es que se le veía de infarto.
Lorenzo insistió: [¿Te gusta?]
[Sí, me gusta.]

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