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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 198

Sin embargo...

El policía, impasible, continuó: —Usted es exactamente la sospechosa que estábamos buscando.

¿Qué...?

—Hemos recibido una denuncia. Está acusada de homicidio y de causar lesiones graves en un incidente reciente.

Eso solo podía significar que Cristina Montero la había denunciado.

Por "matar" a Rosa Corona y por "herir" a Jacinta Zamora.

Tras el breve desconcierto, Sofía recuperó la calma. Era una trampa repugnante, pero no era de extrañarse. Cristina era experta en esa clase de bajezas.

—Le pedimos que nos acompañe a la comisaría para rendir su declaración y proceder con la investigación.

Dado que la doctora había confirmado que el desmayo se debía a una afección antigua y que su estado físico era estable, la policía estaba lista para llevársela.

Sofía no opuso resistencia y decidió cooperar pacíficamente.

No tenía miedo; contaba con pruebas a su favor.

No iba a caer en la misma trampa dos veces.

—Permítanme un segundo —pidió.

Comenzó a buscar desesperadamente su teléfono celular. Revisó bajo las almohadas y palpó las sábanas de la cama.

Pero no estaba ahí.

Su mirada se dirigió al pequeño buró junto a la camilla.

—¿Qué está buscando? —le preguntó uno de los oficiales.

—Mi celular. —Como no estaba sobre el mueble, abrió el cajón para revisar.

—No se moleste. Por protocolo, sus pertenencias personales ya han sido confiscadas.

Sofía volteó y notó que el oficial sostenía una bolsa de plástico sellada, donde estaban todos sus objetos personales.

—Por favor, déjeme usar mi teléfono un momento, es urgente.

Pensó en su situación: estaba completamente sola. En esa inmensa ciudad ella no era más que una partícula de polvo. Nadie iba a extrañarla, nadie le conseguiría un abogado, y le sería imposible escapar de las garras de la justicia por sus propios medios.

En cambio, su peor enemiga, Cristina Montero, era la matriarca de la familia más poderosa de la región; una mujer con contactos en todos lados.

Su vida entera estaba a merced de Cristina.

Lo más probable era que, si cruzaba esas puertas, jamás volviera a salir.

Los audios y videos que había grabado durante sus interacciones con la familia Corona estaban todos en ese celular. Eran su única tabla de salvación.

Proteger esa evidencia era de vital importancia.

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