"Tu amor trasciende lo mundano, es profundo, puro."
"Ya que me tratas así, yo, de la misma manera, dedicaré el resto de mi vida a ponerte en primer lugar."
"Si el límite de mi vida fuera de 70 años, estaría dispuesto a vivir el equivalente a 700 años solo para entregártelos a ti."
Lorenzo Lira habló con urgencia: —No, Sofi, 70 años es muy poco. Estaremos juntos para siempre, sin separarnos nunca...
¡Cof... cof, cof!
A Leandro Corona le faltó el aire. Se llevó la mano al pecho y dejó caer la cabeza, sintiendo que se asfixiaba.
Sus guardaespaldas se apresuraron a empujar la silla de ruedas, corriendo a toda velocidad para llevarlo al médico.
Leandro pasó por una nueva ronda de exámenes exhaustivos de pies a cabeza.
Benito Mancilla, con la cabeza envuelta en gasas blancas, el brazo izquierdo enyesado en un cabestrillo y sosteniendo una bolsa de dulces con la mano derecha, fue a visitarlo.
Al entrar, lo primero que hizo fue preguntarle al guardaespaldas: —¿Qué dijo el doctor sobre el señor Corona escupiendo sangre?
—No encontraron ningún problema grave.
Benito frunció el ceño, preocupado. —¿Qué estaba haciendo antes de vomitar sangre?
—Mirando cómo alguien proponía matrimonio.
Benito entró, observando la cama del hospital desde lejos.
—¿El gran señor Corona, a quien ni las peores tormentas pueden hundir, fue derribado por la propuesta de matrimonio de otro?
Había una silla junto a la cama, y Benito se dejó caer en ella con un gemido.
—No vale la pena sentir celos de los demás. Tú también tienes a tu mujer. Ella es la Reina de la Pantalla, brillante, hermosa, ingenua, alegre y, sobre todo, te ama. Tú y ella tuvieron una fiesta de compromiso que fue la sensación de todo el internet.
Benito arrojó la bolsa de dulces sobre la cama.
Liberó una mano para acomodar el tubo intravenoso de Leandro.
—Después de mis sabios consejos, ¿te sientes un poco mejor?
Tsk.
Los hombres son difíciles de consolar.
Benito acercó la bolsa de dulces, sacó uno y rompió la envoltura con los dientes. Era un caramelo de fresa, bonito y aromático.
Lo acercó a la boca de Leandro. —Vamos, cómete un dulce de la boda de esos dos, para que se te pase el coraje.

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