Estaba con el corazón roto.
[Papá... a mi hermanito y a mí... nos expulsaron del kínder.]
Iván: [¿Por qué los expulsaron? ¿Hicieron algo malo?]
[No hicimos nada malo. Fue... fue el tío de Valentina Molina. Le compró el kínder y ahora ella dijo que no me deja ir a estudiar.]
Iván: [No pasa nada. Buscaremos otro kínder para que estudien.]
[Está bien. ¡Gracias, papá!]
Iván: [Ana, estoy comiendo. Hablamos en la noche cuando llegue a casa.]
Las lágrimas de Ana empezaron a brotar. [Papá... ¿no me vas a consolar un poquito?]
Un sollozo se le escapó.
[El tío de Valentina la cargó y la defendió. Me siento muy triste... Yo también quiero que mi papá me abrace y me defienda... buaaah... Papá, se burlaron de mí y no puedo dejar de llorar.]
Iván suspiró. [Llegaré a cenar a casa mañana en la noche, ¿te parece bien si te abrazo entonces?]
[¿Por qué tengo que esperar hasta mañana, papá? Te necesito muchísimo ahora mismo.]
Iván: [Esta noche tengo un compromiso de trabajo muy importante.]
[Buaaah...]
Sebastián, que estaba leyendo un libro a un lado, extendió su manita. —Déjame hablar a mí.
—Sí... —Ana le pasó el teléfono con sus manitas temblorosas—. Hermano, dile a papá que venga a casa, por favor.
Sebastián frunció su pequeño ceño y con sus bracitos cortos jaló a su hermana hacia su pecho. Como su pechito era demasiado pequeño para acomodar la cabeza de Ana, usó su pequeña mano para acariciarle la cabeza y sostenerla.
[Estás muy ocupado, ¿eh, doctor Quintana?]
Iván se sorprendió por el tono. [Ey, jovencito. ¿Esa es manera de hablarme?]
[Si ya ni siquiera nos quieres, ¿por qué debería llamarte papá?]
Iván: [No digas tonterías. ¿Cuándo he dicho que no los quiero?]
[Hace veinte días que no vienes a casa, ¿a eso le llamas querernos?]
Iván: [Estoy trabajando duro, asistiendo a cenas de negocios, comprando casa, auto, manteniéndolos y pagando su escuela. ¿No lo entiendes?]
[Los adultos no deberían mentir. Doctor Quintana, te lo advierto: esta es tu última oportunidad. A mi hermana le hicieron bullying hoy y está muy triste. Si no vienes a verla, ¡entonces cortaremos todo lazo contigo!]
A Iván casi le estalla el pecho de rabia. [¡Oye, niño! ¡Pásame a tu madre!!]
Había perdido a sus amigos. Pasado mañana sería su cumpleaños, y ya no podría invitar a Yoyo, a Coco ni a Kiko a celebrarlo.
También había perdido su papel de Blancanieves. El próximo mes era el festival escolar, y ya no podría subir al escenario a actuar.
Sofía abrazó a sus dos pequeños para consolarlos.
—¿Qué les parece si mamá busca algo divertido para que hagamos hoy?
—¡Quiero a papá! ¡Sniff! —Ana no podía parar de llorar.
A Sofía se le llenaron los ojos de lágrimas. —Primero vamos a tomar una siesta. Cuando despierten, mamá los llevará a pasear, cenaremos afuera y regresaremos a casa más tarde. Así, justo antes de dormir, podrán ver a papá cuando regrese.
La esperanza de ver a su papá por la noche hizo que Ana dejara de llorar poco a poco.
—Mamá... sniff... ¿a dónde nos vas a llevar a pasear?
Sofía la acunó suavemente. —¿No tenían muchas ganas de ir al parque acuático? Hoy mamá los llevará a ver el espectáculo. ¡Anímense!
—¡Sí! —Ana sonrió con las mejillas aún empapadas de lágrimas—. Pero, mamá, los boletos son muy caros.
En el Día del Niño, su papá le había dicho que lo que costaba llevar a toda la familia a ver el show de las sirenas equivalía a comprar arroz para seis años. Ella era pequeña, pero entendía que tener comida en la casa era más importante que jugar.
Sebastián intervino para tranquilizarla: —No te preocupes. Yo me encargo. Mis ahorros deberían alcanzar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...