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Ya no soy tu Esposa, ni su Madre, ni su Hija: Solo Soy Yo romance Capítulo 3

—¡Niño tonto, no escuches las tonterías de tu tía! —le recriminó Doña Magdalena.

Acto seguido, volteó a regañar a Josefina:-

—¿Qué tonterías estás diciendo? Todo el día sin hacer nada de provecho, le estás enseñando cosas malas al niño.

Josefina se echó a reír.

—Bueno, entonces no me quedo a molestarlos con mis pláticas, me voy.

Al pasar por la entrada vio a Leticia, pero la ignoró por completo como si fuera invisible y salió canturreando.

Leticia entró a la sala.

—Suegra —saludó.

Doña Magdalena asintió levemente.

—Doña Regina subió a descansar, yo fui quien los mandó llamar.

Por el rabillo del ojo, Leticia vio a Patricio sentado en un sillón individual. Tenía las piernas ligeramente separadas, el cuerpo inclinado hacia adelante y estaba hojeando una revista, actuando como si el asunto no tuviera nada que ver con él.

Su rostro era profundo y sumamente atractivo, impecable desde cualquier ángulo. A su alrededor flotaba un aura de frialdad y distanciamiento que instintivamente le advertía a cualquiera que no se acercara.

En el pasado, Leticia siempre se buscaba problemas sola; cada vez que lo veía, no podía controlar sus ganas de acercarse a él.

Incluso si él la despreciaba, ella lo aceptaba con gusto.

—Ya conocen el carácter de Josefina. Lo de hoy fue solo una broma suya. Nadie debe tomarlo en serio y no quiero que se vuelva a hablar del tema, ¿entendido?

Patricio se puso de pie y caminó hacia la salida. Nunca le había gustado escuchar los sermones de Doña Magdalena.

—Papá... —gritó Alejandro corriendo tras él y tomándole la mano.

En la sala solo quedaron suegra y nuera.

Doña Magdalena soltó un suspiro, se recargó en el respaldo y recorrió a Leticia de arriba abajo con una mirada descarada.

—Patricio hace negocios afuera, socializar y actuar un poco por compromiso con otras personas es cosa de todos los días.

—Nosotros no esperamos que puedas ayudar a Patricio en su carrera, pero al menos deberías cumplir con tu deber como esposa. Arréglate para verte hermosa y mantén tu casa impecable.

—Ser la señora Quezada nunca ha sido tarea fácil. Si crees que por tener un acta de matrimonio ya tienes la vida resuelta, estás muy equivocada.

—Que esto te sirva de lección. De ahora en adelante, aprende a comportarte como la esposa que Patricio necesita.

Leticia permaneció de pie frente a ella con la cabeza agachada, sintiendo cómo se le entumecían las piernas.

Una sonrisa amarga se asomó en la comisura de sus labios. Era irónico: el que había engañado era Patricio, pero la que recibía los regaños era ella.

Capítulo 3 1

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