Capítulo 24
Mi estómago se apretó de inmediato porque ese
tono firme, seguro, varonil lo reconocería en
cualquier parte
Era Claudio
Claudio Rodríguez
Intenté sonar normal, mantener el control, fingir la
calma, pero aun así la voz me tembló
-S-si... soy yo
Claudio continuó con total formalidad
-Soy Claudio Rodríguez, hijo del abogado
Rodríguez, él me informó de tu llamada y me pidió
que te contactara, también... fui amigo de tu
hermana Catalina, mi más sentido pésame
Un golpe directo al pecho me dejó sin aire y mis
dedos apretaron las bolsas con más fuerza como si
pudiera sostenerme solo aferrándome a algo
-Gracias -respondí bajito, sintiendo cómo el aire
se me atascaba en la garganta
Él siguió con ese tono sereno que casi irritaba por
lo perfecto, lo controlado, lo distante que era
-Ya estoy en la ciudad, mi padre me envió para
entregarte unas cosas importantes, necesito verte
personalmente
Mi corazón dio un salto tan fuerte que hasta me
dolió
-Sí... claro -respondí rápido-... ¿dónde nos
vemos?
Me dio la dirección de un edificio elegante en una
zona exclusiva, un lugar al que claramente no iba
cualquiera
-En veinte minutos -dijo
-Ahí estaré
Colgué
Santiago me miró curioso, sin atreverse a
preguntar demasiado, aunque su silencio hablaba
solo
-¿Todo bien, señora?
Respiré hondo para recuperar la compostura que
había perdido por un segundo
-Era Claudio Rodríguez -dije con un tono neutro,
como si fuera lo más normal, aunque por dentro mi
pecho latía ridículamente rápido-, el hijo del
abogado, viene a entregarme lo que necesito
Santiago asintió de inmediato
-Perfecto, entonces vamos
Tomamos las bolsas y avanzamos hacia la salida
del centro comercial, los pasos resonaban en el
piso brillante mientras yo intentaba ordenar mi
respiración, pero aun así no pude evitar ese
escalofrío extraño subiéndome por la columna, tan
nítido como una advertencia o una anticipación
El taxi avanzaba lento por la avenida, pero mi
mente iba mil veces más rápido, repasando todo,
imaginando todo, sintiendo demasiado
Veinte minutos
Suficientes para ponerme nerviosa como una
colegiala idiota, suficiente para que mis manos
sudaran y para que mi estómago hiciera ese nudo
ridículo que odiaba admitir
¿La razón?
Claudio
No me voy a mentir, a él me gustaba, simple,
directo, sin poesía, sin necesidad de disfrazarlo de
otra cosa
Después de lo que viví con Martín, el amor dejó de
existir para mí, no quería a nadie, no confiaba en
nadie, mi vida recién volvió a tener forma cuando
encontré un trabajo estable, cuando por fin pude
respirar sin miedo
Y justo ahí lo conocí
Ese día el estudio Rodríguez debía asesorarme
para un contrato con una empresa de autos, el
señor Luis Rodríguez no podía ir, así que envió a su
hijo
Y cuando entró a la sala de reuniones...
M****a
Alto, robusto, imponente, serio, elegante, frio
Un monumento
Lo juro, pensé que era un maldito modelo de traje
caro
Pero también daba miedo
A cualquiera lo intimidaría
A mí... me ponía nerviosa
Intenté acercarme, claro que lo hice, porque
siempre he sido directa, pero aun así sentía que él
nunca veía en mí lo mismo, porque para mi él era
un hombre interesante, alguien imposible de
ignorar, alguien que imponía sin abrir la boca, pero
para él... yo solo era una amiga, una conocida, una
salvadora en el sentido más literal
Porque la familia Rodríguez no era cualquiera
Eran uno de los estudios jurídicos más grandes del
país, temidos, respetados, conectados hasta con el
infierno si querían, habían salvadoa gente
poderosa y también a gente peligrosa, y el apellido
Rodríguez abría puertas y cerraba bocas
¿Y por qué me ayudaban a mí?
Porque me los ganéCuando yo recién llegué a VieraCruz, sin una moneda, sin rumbo, sin familia, sin nada que perder, fue el día que salvé a Sofía, la hermana menor de Claudio, una niña de siete años con trenzas que gritaba en la vereda mientras un auto dobló sin mirar

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar