Capítulo 23
Golpeé el hombro de una de ellas al pasar, no fuerte, solo lo suficiente para recordarles que no eran nadie para mí, y Santiago me siguió de inmediato, casi trotando para alcanzar mi paso mientras salíamos del restaurante.
El aire frío del centro comercial me golpeó la cara, pero aun así seguía hirviendo por dentro, la mandíbula apretada, las manos cerradas, el temblor vivo de la rabia contenida recorriéndome entera.
Santiago se colocó a mi lado, tímido, como si no supiera si tenía permiso de hablar...
—Señora... —dijo bajito—... gracias por defenderme No lo miré, mi vista seguía clavada hacia adelante, fija en nada pero sintiendo todo lo que hervía por dentro.
—No hay de qué —dije seria, seca, sin mover un músculo, y añadí en un susurro que él apenas alcanzó a ofr— hasta la sociedad te maltrata, hermanita... qué m****a te hicieron Mis ojos ardieron un poco, pero no iba a llorar ahí....Santiago tragó saliva nervioso y, después de unos segundos, dijo algo que me detuvo en seco —Señora... ¿por qué no cambia de estilo?
Lo miré automáticamente y luego miré mi reflejo en el vidrio de la tienda cercana, el pelo desordenado, la ropa vieja y demasiado grande para mi cuerpo, la imagen de una mujer abandonada, hecha trizas, sin dignidad, sin fuerza, sin presencia Por eso se burlaban, me pisoteaban, me veía como alguien fácil de destruir —Por eso... —susurré—... por eso se burlan de mí Santiago asintió, más seguro esta vez, como si finalmente se atreviera a decir lo que llevaba guardado —Si queremos que el señor Martín vuelva a sentir algo por usted... —dijo con prudencia—... creo que deberíamos cambiar eso, su presencia, su imagen Y ahí, justo en ese instante, se encendió algo dentro de mí, no una idea suave, no un pensamiento bonito, sino un instinto, uno que llevaba dormido años —Un cambio de look... —murmuré, sintiendo la chispa subir por la garganta No uno delicado, floreado, angelical como Melanie, eso era de ella o uno barato, sensual, provocador como Rebeca, que vivía pintada de rojo, ajustada hasta parecer una muñeca inflable No Yo soy Catalina —Vamos a cambiar de look —dije decidida —¿Cómo... cómo quiere verse, señora?


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