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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 5

Capítulo 5

El silencio en la habitación era tan denso que podía escucharse mi propa respiración temblar.

Me levanté de la cama con esfuerzo.Cada movimiento dolía.Pero la rabia... la rabia era más fuerte que el dolor.

Tomé la foto de Melanie sobre la cómoda. La miré largo rato.

Su sonrisa. Sus ojos llenos de vida. Esa luz que ya no estaba.

—Tú fuiste débil, hermanita... —susurré, con la garganta ardiendo—.

Pero yo no lo soy.

Mis manos apretaron el marco con fuerza.

—A mí nadie me pisotea. Nadie. Jamás.

Respiré hondo.

—Cometiste el error de amar demasiado... Yo no voy a repetirlo, Juro por tu alma...que todos los que te hicieron daño van a pagar. Uno por uno.

Dejé la foto sobre la cómoda, temblando.

En ese instante, la puerta se abrió sin tocar.

Rebeca.

Entró con una bandeja de comida, con una sonrisa suave, falsa, cuidadosamente actuada.

—Hola, Melanie... —dijo como si fuera una amiga preocupada—. Pensé que... quizá no querías bajar.

Y... te traje algo para comer.

Me quedé viéndola, confundida y a la vez con el estómago revuelto.

—¿Ahora qué quieres? —pregunté fríamente.

Ella suspiró, bajó un poco la mirada, como quien pide perdón.

—Sé que tú y yo no... no nos llevamos bien. Y sé que piensas que estoy con Martín...pero no es así, Melanie. Solo somos amigos. No quiero que malinterpretes nada.

¿Esta cree que soy estúpida?

Rebeca continuó:

—Yo solo... quiero ayudar. Tienes que alimentarte.

Estás débil. No quiero que te sientas sola...

Fingía tan bien que cualquiera le compraría la actuación.

Pero yo... yo sabía ver al diablo detrás del maquillaje.

Mi estómago rugió. Tenía hambre.No podía rechazar la bandeja.

Me acerqué despacio y extendí las manos para tomarla.

Y justo ahí...

Un movimiento rápido.

Sutil.

Casi imperceptible.

Rebeca "solto".

La bandeja voló entre nosotras.

La comida cayó directo sobre ella.

Rebeca gritó.

—¡AY! ¡Melanie! ¿QUÉ TE PASA? ¡ME TIRASTE TODO ENCIMA! Abrió los ojos como si hubiera sido atacada. Su voz Co:tuln tembló. Sus manos temblaron.

Acto perfecto.

—Solo... solo quería ayudarte... —dijo mientras se limpiaba, como si estuviera al borde del llanto—.No tienes por qué tratarme así...

Yo me quedé congelada. No la había tocado. Ella lo provocó.

Ella lo hizo a propósito.

Y ya sabía lo que venía. Pasos rápidos en el pasillo.

La voz de Martín acercándose. Los niños también.

El niño regresó segundos después. Con un plato hondo. Humeante. Peligrosamente humeante.

Mi estómago se hundió.

—Nicolás... ¿qué estás haciendo...?

Él levantó el plato. Sus ojos llenos de rabia infantil.

—¡TOMA! —gritó— ¡ESTO ES POR HACER LLORAR A REBEСА! Y lo lanzó.

La sopa caliente me cayó directo en el brazo, el cuello, el hombro El dolor fue un latigazo.

—¡AHHH! —grité, llevándome la mano al área quemada—¡QUEMA! ¡DUELE! El ardor fue tan brutal que casi perdí las piernas.

Martín no reaccionó. Rebeca se cubrió la boca fingiendo horror. La niña Catalina se escondió, Ilorando como si hubiera visto un demonio. Y Nicolás... sonrió.

La rabia me atravesó entera, más fuerte que el dolor.

—¡MALDITO MOCOSO! —grité con la voz rota— ¡¿CÓMO TE ATREVES?! Todo quedó en silencio.

Los ojos de todos se abrieron enormes.Como si yo acabara de cometer el peor pecado del mundo.

Martín dio dos pasos hacia mí, su sombra cubriéndome.

—¿LE GRITASTE A MI HIJO? —tronó—¡¿A MI HIJO?! Nicolás se escondió detrás de él

—¡Siempre me grita! ¡Papá, quiero que se vaya! Rebeca se abrazó a Martín, llorando fuerte, fingiendo que no podía respirar.

—Martín... por favor... no seas duro con ella... está... está descontrolada... quizá necesita un médico... no sé...

Martín me señaló.

—Estás peor que antes del accidente —gruñó— YA NO TE AGUANTO MÁS.

Yo jadeaba del dolor. El brazo ardía. La piel quemada dolía con cada respiración.

Y en mis oídos solo resonaba una frase:

"YA NO TE AGUANTO MÁS".

Y ahí lo supe.

Aquí, en esta casa...en este infierno... Melanie estaba completamente sola.

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