Capítulo 6
Me encerré en la habitación por días. Literalmente días.
Las quemaduras seguían ardiendo, los moretones pulsaban, cada movimiento era un recordatorio perfecto del infierno en el que Melanie había vivido... y en el que yo estaba atrapada ahora.
No abría la puerta a nadie.
No respondía cuando golpeaban.
No permitía que Rebeca entrara con su falsa compasión.
Ni que Martín fingiera autoridad.
Pero ellos tampoco se preocupaban por alimentarme. Cada vez que pedía comida, nadie contestaba. Nadie subía nada.
Así que aprendí rápido:
Bajaba a escondidas de madrugada. Comía lo que encontraba. Subía un poco a la habitación. Me encerraba otra vez.
Tenía que pensar.
Tenía que unir todo.
Tenía que encontrar la forma de liberar a mi hermana...de vengarla... y de destruir al infeliz que la enterró en este infierno.
Una noche, cuando el hambre me obligó a salir, bajé las escaleras con el cuerpo todavía débil, cada paso un pinchazo en mis costillas.
Y entonces lo escuché. Risas.
Una risa profunda, masculina. La risa de Martín.
Y otra más suave, fingidamente dulce. La de Rebeca.
Venían de una habitación grande al fondo del pasillo de la planta baja.
La puerta estaba entreabierta.Se veía luz cálida.
Sombras moviéndose.
Y una cama enorme adentro.
Me detuve.
El aire se me atascó en el pecho.
Martín no dormía en la habitación matrimonial.
Dormía con ella. Con Rebeca. En otra habitación.
Mi mandíbula se apretó. Sentí rabia, asco, impotencia.
—¿Cómo pudiste soportar esto, Melanie...? — susurré.
Y mientras las risas seguían sonando al otro lado, mientras la amante y el esposo compartían cama, risas y "felicidad", yo sentí algo oscuro hundirse en mi estómago.
Melanie dormía sola.
Se alimentaba sola.
Sufría sola.
Y él dormía con la amante.
—Maldito... —murmuré, retrocediendo— Maldito infeliz...
Volví a mi cuarto con más rabia que hambre.
Me senté en la cama, con la espalda recta, mirandо fijamente el cuadro de boda sobre la cómoda.
Melanie y Martín. Ella radiante. Él sonriendo como si la amara.
Mentiras.
Todo mentiras.
Miré la foto largo rato, con frialdad.
Ese matrimonio era algo más que amor... siempre lo supe.
Había algo detrás.
Hasta que la puerta se abrió sin tocar.
Martín entró como si la habitación fuera suya.
Como si yo fuera un objeto. Como si yo no valiera nada.
—¿Qué m****a te pasa ahora? —dijo con desprecio — Llevas días encerrada.
¿No vas a bajar a esperar a los niños? ¿No vas a preparar el desayuno? ¿O pretendes que los empleados hagan todo por ti?
Yo lo miré desde la cama, seria, fría.

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