MATTHEW GRAYSON
—No entiendo por qué sigues aferrándote a ella como si fuera la única mujer en el mundo —sentenció Rita molesta, caminando de un lado a otro—. Sinceramente no entiendo cada paso que has dado hacia ella, empezando por casarte. ¡Lo teníamos todo!
»De haber sabido que esa mujer cambiaría todos nuestros planes de esa manera, hubiera acabado con ella el primer día que se presentó en tu empresa.
Sin pensarlo dos veces mi cuerpo se levantó de la cama y me precipité hacia ella, tomándola por el cuello y presionándola contra la pared. Rita ni se inmutó, no me tenía miedo, pero si resentimiento.
—No vuelvas a decir algo así, y no vuelvas a meterte en mis asuntos —siseé conteniendo mi ira antes de soltarla y regresar adolorido a mi cama.
Lo que había ocurrido no solo me había dejado el cuerpo agotado y adolorido, sino también un golpe en la cabeza que me había sacudido las ideas. Había recuperado mi memoria y ahora era un manojo de recuerdos que intentaban mezclarse con todo lo que tenía ahora, era como barajar un mazo de cartas, mitad mi pasado, mitad mi presente.
El odio que sentía por Santiago se había duplicado, así como el amor que sentía por Julia.
Ahora entendía que la prueba de paternidad que ella me había entregado hacía tiempo era falsa y que todo lo que me dijo en medio de la desesperación era cierto. Santiago era un criminal y la habían obligado a casarse con él. No se fue de mí por que ya no me amara, me dejó porque tenía que cumplir con ese bastardo, y mi hijo estaba en medio de todo.
—Ahora que has recordado todo… podemos continuar con los planes que teníamos —dijo Rita en un susurró mientras se acercaba.
«Los planes que teníamos», no pude evitar sonreír de medio lado, con melancolía. Antes de que Julia llegara a poner todo de cabeza, ya tenía algo claro, alejarme de mi familia y de esa asquerosa vida como empresario. Odiaba las galas y las cenas de beneficencia, odiaba tener que mantener una fachada. Eso no era lo que yo quería, no era lo que aspiraba cuando era joven y tenía mi plan de escape perfecto, hasta que un buen día se presentó Julia a mi oficina.
Era un día que nunca se me olvidaría.
Se veía tan pequeña y confundida. Su inglés no era perfecto, era notorio su acento latino y daba gracia. No creía en ella. No parecía capaz de desempeñar el cargo al que se había postulado, pero tenía un brillo tan intenso en la mirada, no es que estuviera segura de que lo lograría, más bien tenía la actitud de quien está feliz por intentarlo, emocionada por demostrar de lo que era capaz, y lo hizo.
A diferencia de todos, ella tecleaba sin parar, con una maldita sonrisa y los ojos bien abiertos. No se detenía. No parecía frustrada. Y cuando me di cuenta, ya había terminado la prueba.
—Parece muy capaz —había dicho Carl en un susurró cuando comparó los resultados—, pero… «pequeño detalle», es mexicana. Tus padres no van a permitir que sea la jefa del departamento.
No mentía.
—Es diferente —sentencié por fin volteando hacia ella, admitiendo de manera indirecta que Rita tenía razón.
—Claro que no… ¿Cuánto crees que le durará más su visa de trabajo? —preguntó arqueando una ceja y cruzándose de brazos—. Con el nuevo gobierno, lo más seguro es que se la cancelen y la saquen a patadas del país. Es cuestión de tiempo para que la policía se asome a tu edificio y se la lleven arrastrando.
Y sí, ahí surgió la idea, gracias a Rita, gracias al miedo que clavó en mi pecho. Mi familia esperaba que sentara cabeza, que me quedara con la empresa, que continuara con el legado, aunque yo aspiraba a irme muy lejos, incluso cambiarme el apellido.
—Si te casas… sabes que tendrás que quedarte con la empresa familiar y hacerte responsable de todo. Tu nombre quedará ligado para siempre al negocio de los Grayson. ¿Lo entiendes? —preguntó Erick entornando los ojos después de escucharme—. Tus planes de tu negocio soñado… se irán a la m****a. Muchos esperan que continues con ese negocio. ¿En verdad… vas a…?
Era una decisión difícil. Ese era mi sueño desde hacía mucho tiempo y no se había quedado flotando en simples intenciones. Ya había invertido tiempo, esfuerzo y dinero. Ya había comenzado a trabajar con pocos hombres, pero era un proyecto activo que, de casarme, se iría a la m****a. ¿Todo por una mujer?
—¿Señor Grayson? —preguntó Julia interrumpiéndonos con esos enormes ojos que tanto tiempo me habían cautivado y su sonrisa tímida. Sabía bien a lo que iba. Era momento de hablar de su futuro, o más bien del nuestro.
—Piénsalo… —dijo Erick levantándose de su asiento y abandonando la oficina, pasando por un lado de Julia, pensando que tal vez la soltaría, sin saber que en realidad estaba a punto de pedirle matrimonio.

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