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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 105

LILIANA CASTILLO

Sentí que era todo un logro y volteé hacia Julia como si quisiera corroborar que alguien más era testigo de este «proceso de sanación». Julia sonrió orgullosa por Mateo, por mí, y cuando pensé que se uniría a nosotros en la mesa, de pronto apretó los labios y posó sus dedos en su boca.

Lentamente el color de su rostro fue desapareciendo y hasta ojerosa se puso.

—¿Estás bien? —pregunté haciendo que Mateo volteara también hacia ella.

Cuando Julia planeaba responder, terminó corriendo hacia su cuarto, azotando la puerta en el proceso. Nos quedamos en completo silencio y compartí una mirada confundida con Mateo, hasta que por fin escuché ese sonido tan característico digno de borrachos y embarazadas. Julia estaba vomitando en su baño y el eco nos llegaba claramente.

—¿Mamá está enferma? —preguntó Mateo con sorpresa y se cubrió su boca antes de salir corriendo hacia la habitación, conmigo detrás de él—. ¡Mami! ¡Mami! ¡¿Estás bien?!

Abrimos la puerta de la habitación y nos precipitamos hacia la del baño que estaba entreabierta. En el piso, aferrada con ambas manos a la taza del baño, Julia parecía al borde del desmayo, viendo el contenido de la taza con horror.

—«Fuchi» —dijo Mateo retrocediendo, recargándose en mis piernas—. Mami vomitó. ¿Hay que llamar a un doctor?

—¡No! —exclamó Julia estirando su mano hacia nosotros—. Estoy bien… estoy bien. Solo… han sido muchas emociones fuertes. Tensiones. Estoy bien.

—Mmm… iré a comprar un poco de yerbabuena para que se te asiente el estómago —dije acercándome a ella, ayudándole a levantarse, sosteniéndola de la cintura.

—Estoy bien, no es nada… no pasa nada… —lo repetía como si deseara convencerse a ella misma, mientras sus ojos se movían erráticos, como si estuviera frente a un archivero buscando un documento importante.

—Recuéstate y descansa —dije guiándola hacia la cama—. Mateo, cuida de mamita mientras yo salgo por algunas cosas que le puedan ayudar. Si ves que quiere vomitar de nuevo o se desmaya, corres rápido por Emilio.

—¡Sí! ¡Yo cuido de mami! —exclamó Mateo con firmeza, pero sus ojos llenos de preocupación—, pero… mi mami está bien, ¿verdad? No le pasa nada malo.

Tuve que morderme la lengua para no decirle que mami estaba bien, que solo estaba vomitando por la emoción de darle otro hermanito.

—Mamá está bien —respondí acariciando sus cabellos antes de voltear hacia Julia—. No tardo. Cualquier cosa llámame y regreso corriendo.

Ella solo asintió y de esa manera di media vuelta y salí de la casa recordando todo remedio para las náuseas que una embarazada pudiera tomar sin riesgo. Era una pequeña broma personal, quería creer que se trataba de otra cosa, pero… en el fondo, tenía esa espinita clavada.

***

—¡Llévele güera! ¡Pregunte sin compromiso! —exclamaba el vendedor mientras yo pasaba mi atención entre verduras y frutas, intentando alcanzar uno de esos ramos de hierbas secas para té—. Este es rebueno para la indigestión y las náuseas —agregó el hombre acercándome uno de los ramos—. ¿Qué más te vamos a dar, corazón?

—No le veo anillo, de seguro ni está casada —susurró otra.

—Qué triste, en vez de comprar pruebas de embarazo, tuvo que comprar unos condones antes —sentenció un señor.

—De seguro el padre es un vago, ni siquiera vino él por la prueba —agregó otro.

—¡Qué pues! —exclamé volteando hacia ellos indignada—. ¡Es para una amiga!

Entonces los de la fila se vieron entre ellos con lástima, como si creyeran que estaba mintiendo para que me dejaran en paz.

—Entonces… ¿Cuál te llevas? —preguntó la encargada con una sonrisa divertida.

Tomé un par de pruebas sin fijarme bien en sus cualidades y las pagué con prisa. Salí de la tienda con la mirada de todos encima de mí. Unos disimulando, otros girando la cabeza sin vergüenza. Salí echando humo por los oídos mientras peleaba con la bolsa para meter las pruebas.

No me fijé y choqué con alguien, dejando caer las pruebas al piso.

—¡Fíjate idiota! —exclamé mientras me hincaba para alcanzar las pruebas, entonces una mano varonil, dedos largos y nudillos marcados, se atravesaron, tomando una de las cajas. Cuando levanté mi atención, hincado frente a mí estaba Carl, con su sonrisa cínica y sus ojos bellos, hermosos, cautivadores, viéndome directamente.

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