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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 117

LILIANA CASTILLO

—Ah… ¿puedes ser más clara? Porque no entiendo muy bien de qué estamos hablando —dije con la voz entrecortada, nerviosa, al borde del colapso, quería salir corriendo lo más rápido posible, pero me obligué a comportarme como adulta, como esas veces que, después de apagar la luz de la habitación, caminaba lento hacia la cama, como una forma de demostrarle al fantasma que no creía en él aunque en el fondo quería correr, saltar al colchón y envolverme en la sábana.

—No es necesario que quedes gestante de Santiago —dijo con tranquilidad mientras tomaba uno de los mechones de mi cabello y lo acariciaba con sus dedos—. Si concibes un hijo con Javier, si me ayudas a sacar a Santiago de la ecuación, te prometo que tendrás todo lo que incluso jamás soñaste.

El corazón se me hizo pequeño. Entonces volteé hacia las escaleras y ahí lo vi, Javier, tan parecido a Santiago y al mismo tiempo tan diferente. Entornando los ojos con desconfianza y las mandíbulas apretadas. Era un hombre atractivo, pero con un corazón oscuro.

—Piénsalo, no te voy a presionar con una respuesta en este momento, pero… creo que deberías de considerarlo bien —agregó Carmen con media sonrisa—. Somos iguales, Lily. Ambas amantes. Ambas repudiadas. Pero esa no tiene por qué ser nuestra historia. ¿Quién dijo que el amor siempre tiene que ser legal? Nosotras damos más y sufrimos más que las esposas, y ¿qué recibimos a cambio? Solo humillación y vergüenza.

»Yo salí de eso y, si me lo permites, evitaré que tú lo vivas. Solo tienes que tomar mi mano y darte cuenta de qué lado están tus verdaderos amigos. —Debía de admitir que sonaba demasiado convincente.

—¿Puedo hacer una pregunta? —susurré manteniendo el misterio de nuestra conversación, y tomé el silencio de Carmen como un asentimiento—. ¿Por qué tener un bebé con Javier serviría para quitar a Santiago de la ecuación? Después de todo, Javier es un hijo no legítimo.

Volteé hacia Javier que seguía viéndome con esos ojos de halcón y de inmediato me puse nerviosa.

—¡Nada personal! —exclamé levantando ambas manos hacia él—. Que nadie te diga que vales menos solo porque tu papá está casado con otra mujer que no es tu mamá.

Entre más hablaba, más metía la pata. A este ritmo terminaría siendo acribillada en el paredón por insolente.

—Porque lo que quiere mi padre es un nieto legítimo, la continuidad de nuestro legado, algo que Santiago nunca podrá hacer —respondió Javier con voz fría, sin sentimiento alguno.

—Le daremos a Rafael lo que su familia no, esa que lucía en cada reunión, de la que se sentía orgulloso, mientras a nosotros nos escondía —agregó Carmen con rencor, dejándome en claro que el amor no era el motivo para volver a la vida de Rafael. Ella sentía que había una deuda por cobrar, por eso estaba ahí.

Inhaló profundamente y tomó mi rostro entre sus manos antes de volver a ponerse la máscara de mujer maternal y dulce. Me sonrió, haciéndome estremecer.

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