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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 121

LILIANA CASTILLO

Sus labios eran suaves y se movían tiernamente sobre los míos. No supe en qué momento cerré los ojos y me dejé llevar. Sus manos me sostuvieron por la cintura, pegándome a su cuerpo mientras mis brazos rodeaban su cuello.

Cuando su boca se separó de la mía, sentí frío en los labios. Permanecí un par de segundos aún con los ojos cerrados, esperando a ver si su boca regresaba, pero cuando me di cuenta de que no lo haría, por fin separé mis párpados, encontrándome con sus hermosos ojos marrones, viéndome con una mezcla de calma y ternura que me desarmó, y me hizo olvidarme de que aún estaba parando la trompita.

—Entonces… ¿vamos por un café? —preguntó con esa sonrisa que calmaba a mi corazón acelerado y solo asentí. Aún me sentía como en un sueño. Liberó a regañadientes mi cintura y me tomó de la mano—. No conozco mucho los alrededores, pero hay un lugar que me encanta. Me imagino que tú ya lo conoces.

En cuanto comenzamos a andar, una descarga eléctrica atravesó mi cuerpo. «PD», lo habían mencionado ese par de rubias, las mismas letras que Carl tenía en el abdomen, las mismas letras que parecían pertenecer a un grupo criminal que quería matar a Julia. ¿Carl estaba involucrado en eso? ¿Quería matar a Julia? Entonces… ¿yo qué era? ¿Una distracción? ¿Alguien a quien manipular para llegar a Julia?

La sangre se me heló y el cosquilleo en mis labios dejó de ser cálido y comenzó a doler. ¿Carl me estaba usando? Entonces volteó y me dedicó esa sonrisa perfecta que esta vez no detuvo mi corazón, pero si lo fracturó.

Tenía dos opciones, correr o quedarme para averiguar más.

Apreté los labios y esbocé una sonrisa nerviosa como respuesta, mientras mis pies temblorosos seguían su camino. Mis ojos bajaron hacia nuestras manos entrelazadas y un suspiro decepcionado me salió por la nariz. ¿En verdad este chico que parecía un sueño hecho realidad… solo me estaba utilizando? Ese beso, ese coqueteo, esas sonrisas… ¿no significaban nada?

¿Cómo se puede dejar de idealizar a alguien con quien ya soñaste tener hasta una familia? ¡Me lleva la…! Incluso ya tenía el nombre del perro que íbamos a adoptar. ¡¿Por qué?!

Tuve que aguantar mis ganas de hacer berrinche y tomarme las cosas más en serio.

***

ALEX GARCÍA

—¿Me estás diciendo que no tengo permitido secuestrar a la muñeca? —preguntó Santiago como si le estuviera hablando en chino.

—¡No! —exclamé arrebatándole el juguete de la mano y regresándosela a Andrea que la estrechó con todas sus fuerzas, como si hubieran pasado años de no verla—. ¿Qué cosas les estás enseñando a los niños?

—Pero si solo le íbamos a dar una… ¿paseadita? —dijo David, el hermano de Andrea.

—¡Sí! ¡El señor Castrejón dijo que sería un «secuestro express»! —exclamó otro de los niños.

—Pero… ¿sabes qué? —pregunté dándole una palmada en el pecho a Santiago que aún no parecía comprender por qué estaba molesta—. Es mi culpa por dejar que alguien como tú se acercara a los niños.

—¿Ahora qué hice? —inquirió sorprendido—. Solo estamos jugando.

—¡¿Jugando?! Parece que los estás preparando para que reemplacen a tus hombres cuando crezcan —sentencié y él solo entornó los ojos, como quien admite una buena idea—. ¡Santiago!

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