Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 124

LILIANA CASTILLO

Me pegué al respaldo y contuve la respiración mientras Carl sacaba su pistola. Tragué saliva y busqué todas las posibles maneras de convencerlo de que no me matara, desde amenazas básicas hasta súplicas insistentes con lágrimas incluidas, pero en ese momento nada salió. Entonces me di cuenta de que sus ojos no me estaban viendo a mí, sino a algo que estaba ocurriendo justo detrás de mí.

Cuando volteé vi a un par de hombres que caminaban como si el local fuera suyo. No se esforzaron por esconder las pistolas que colgaban de su pantalón. Sus miradas se paseaban entre cada mesa buscando algo, o más bien a alguien.

—¿Amigos tuyos? —preguntó Carl sin apartar la mirada.

—No, ¿seguro que no son tuyos? —Lo vi por el rabillo del ojo, con reproche. ¡Él era el criminal aquí, no yo!

—No queremos problemas —dijo uno de los hombres al encontrarnos en lo más profundo de la cafetería, viendo el arma de Carl y ofreciéndonos una sonrisa discreta—. Solo vinimos por la amante del Coyote.

—¿La qué de quién? —pregunté ofendida.

—¿No que solo eran amigos? —inquirió Carl en un susurro y cuando volteé hacia él su rostro estaba rígido.

—¿No que solo eres un programador? —respondí molesta señalando su pistola—. ¡¿De cuándo acá los programadores usan armas?! ¡Crees que no sé lo que eres!

Entonces la atención de Carl y de los otros dos hombres se puso por entero en mí.

—¡Me estás usando, ¿verdad?! —exclamé con voz rota—. Pensé que sentías algo por mí. Pensé que había encontrado el amor. ¡Pero de seguro lo único que quieres es llegar a Santiago! ¡¿Cuál es tu plan y por qué me estás usando como si yo no tuviera sentimientos?!

—Liliana… —Carl retrocedió confundido, frunciendo el ceño y sacudiendo la cabeza, como si una mosca lo estuviera molestando—. Yo no… Creo que podemos hablar de esto en otro momento. ¿No crees?

—¡¿Cuándo?! ¡¿Cuando por fin consigas lo que querías de mí y sea momento de desecharme?! —exclamé con lágrimas de cocodrilo mientras retrocedía, alejándome cada vez más de él y acercándome al par de hombres que parecían divertidos con el chisme, porque si, el chisme cautiva hasta al más enfocado, es más el chisme debería de ser deporte.

Me giré abruptamente, chocando con ese par de hombres.

—¡Lo siento! —grité fingiendo estar asustada, al mismo tiempo que tomaba sus armas y disparaba al suelo justo a sus pies.

Ni siquiera esperé a ver si le había atinado a algún dedo y salí corriendo hacia la puerta del establecimiento, confiando en que a quien querían era a mí. Escuché a Carl gritar mi nombre mientras el par se quejaba y chillaba, pero yo ya estaba desconectada. Mis pies se movían solos.

Abrí ambas puertas del establecimiento solo para frenar en seco y ver una camioneta blindada con otros tres hombres iguales a los anteriores esperando pacientemente. Fue un momento incómodo en el que me di cuenta de su presencia mientras ellos levantaban su atención hacia mí, notando ambas armas en mis manos.

—¡Ja! ¡Puerta equivocada! —exclamé con una risotada nerviosa antes de dar media vuelta y volver a entrar a la cafetería. Mientras todos los comensales gritaban y parecían no saber dónde esconderse, yo choqué con Carl, que de inmediato me envolvió entre sus brazos, estrechándome con fuerza, queriendo contenerme.

Capítulo 124: ¿La qué de quién? 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!