Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 126

LILIANA CASTILLO

Entonces descargué una palmada en la espalda de Rita con tanta fuerza que terminó arrodillada ante mí. Con eso fue suficiente para que pudiera respirar y componerse. No había mejor solución para cuando te sacaban el aire.

Carl se acercó en silencio, con paso tranquilo y gesto serio. Cuando estuvo ante mí levantó la mirada, del otro lado de la calle ya me estaba esperando esa camioneta con los hombres armados que le quedaban. Nos habían encontrado y matarían a Carl y a su hermana si no me entregaba. No quería que ocurriera lo mismo que con toda esa gente inocente, ahora que… de pensarlo mejor, Rita se merecía ser acribillada, por lo menos así estaría segura de que dejaría a Julia en paz.

—¿Te sientes suficiente para enfrentarlos de frente? ¿Crees que sobrevivirás sola? —susurró cerca de mi oído mientras apretaba los labios, sabiendo que podían abrir fuego en cualquier momento—. Tu padre es el militar, tu padre es el GAFE, tú no.

Volteé hacia él indignada, como si el entrenamiento que había recibido desde niña no fuera suficiente cuando siempre me había sacado de apuros. No era como mi padre, pero tampoco era una inútil.

—Créeme… hago esto por tu bien, aunque no me quieras creer. —De un movimiento rápido me hizo girar hacia él y con el mismo aerosol que llevaba su hermana roció mi rostro. Cerré los ojos y comencé a toser mientras espantaba el aire abanicando con la mano, pero mis movimientos se volvieron débiles, intenté retroceder y mis pies tambalearon.

Carl me tomó por la cintura y cuando quise enfocar su rostro se veía borroso mientras un sueño atroz me invadía, como si no hubiera dormido en días.

—Eres un… —susurré con voz arrastrada antes de perder por completo la consciencia. Lo último que escuché fueron disparos.

***

ALEX GARCÍA

Me quedé en completo silencio, como niña regañada en el asiento del acusado. Habíamos llegado a un departamento que parecía ser propiedad de Santiago. Sus hombres estaban distribuidos en cada habitación, parecían desinteresados, aunque notaba como veían a través de la ventana cada cierto tiempo e incluso se asomaban por la mirilla de la puerta. Estaban protegiendo a su dueño.

En la habitación Santiago estaba con el torso descubierto mientras una doctora revisaba con atención su herida. Suturando la piel sin anestesia al mismo tiempo que Santiago permanecía con su mirada fija en mí, ni siquiera la apartaba cuando le daba un trago a la botella de tequila en su mano.

—¡¿Por qué me ves tanto?! —exclamé incómoda, frunciendo el ceño y cruzándome de brazos—. Ni siquiera debería de estar aquí.

Solo sonrió y negó con la cabeza antes de darle otro trago a su botella.

—Listo… —susurró la doctora, quien iba con una falda demasiado corta y un escote demasiado profundo para atender una herida—. Necesitas descanso. Cualquier esfuerzo puede provocar que se te abran los puntos.

—¿Cualquier esfuerzo? —preguntó sin despegar su mirada, para ese punto ya estaba muy sonrojada.

—Cualquier… —respondió la doctora mordiéndose los labios—, pero… si estás pensando en algo en específico, podemos improvisar.

—Hacerle el amor a la mujer más hermosa que he visto en mi vida —contestó Santiago, inclinándose hacia delante, apoyándose ambos codos sobre sus muslos.

—Eres un encanto cuando te lo propones —dijo la doctora segura de que el halago era para ella mientras que yo fingía que no era para mí—. Puedo volver a suturar cualquier punto si eso es lo que quieres.

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!