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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 138

SANTIAGO CASTAÑEDA

El vacío es más pesado de lo que muchos creen, y el de mi pecho se estaba volviendo insoportable, cada día me costaba más sostener la sonrisa y mantener mi actitud arrogante y burlona. Cada vez era más doloroso permanecer de pie aunque me estaba muriendo por dentro. Los pensamientos suicidas se volvían más frecuentes, más insistentes, como la gota que cae constante sobre la roca hasta quebrarla.

Debo de admitir que Julia fue un rayito de esperanza, una pizca de color. Me sentí querido y apoyado, me sentí escuchado y principalmente libre de poder decir lo que fuera sin ser juzgado. Julia se convirtió en mi alma gemela, porque las almas gemelas no están condenadas al romanticismo forzado, las almas gemelas muchas veces se encuentran por el número de cicatrices que cargan y Julia y yo nos encontramos y encajamos como dos piezas de rompecabezas.

Aun así, por mucho amor que sintiera por ella, el vacío seguía creciendo, recordándome lo triste que era vivir de esa manera, mintiendo, hasta a mí mismo, hasta el punto de ya no saber quién era, de verme al espejo y no reconocerme.

¿Cuántas veces me sentí confundido al ver los cuartos de hotel y las personas durmiendo en la enorme cama después de hacer lo indecible? ¿Cuántas veces me pregunté si lo había disfrutado en verdad? Los excesos y los amantes me daban la falsa sensación de que tenía el control, un respiro falso que se acababa justo cuando las endorfinas se disolvían en mi cuerpo, sabía que todo eso no me llevaba a nada, pero era lo más cercano a sentir que todavía tenía el control… hasta que la vi.

Ese chico de apariencia andrógina, esa criatura celestial y rebelde. Un demonio disfrazado de ángel. Solo con verla a los ojos me sentía mil veces más vivo y de pronto me descubrí soñándola, rogándole al destino o al cielo encontrármela. Queriendo que la casualidad la pusiera en mi camino, aunque fuera de lejos, aunque no intercambiáramos palabras. Y entre más la veía, más la deseaba, no solo a nivel carnal. Quería que me viera de verdad, que me sonriera, que se enamorara de mí, quería que se obsesionara conmigo de la misma manera que yo lo estaba con ella.

Y aquí estaba, entre mis brazos, besándome con una dulzura que derretía mi corazón al punto de conmoverme, mientras sus lágrimas seguían brotando, cayendo delicadamente por sus mejillas.

Tan pequeña, tan frágil, tan hermosa.

Era una fiera, valiente y altanera, pero justo en ese momento sentía que cualquier movimiento en falso y se rompería como el cristal.

Mis manos inquietas no se pudieron quedar tranquilas, comenzado a escabullirse por debajo de sus prendas, su piel tersa y tibia era adictiva, mis yemas la recorrían lentamente, fascinado con su textura de terciopelo, haciendo temblar su cuerpo con mi tacto.

Deslicé su playera, se veía hermosa con ese lindo brasier a rayas y sus mejillas sonrojadas por la intimidad de nuestro reencuentro. Agachó la mirada, nerviosa.

—Eres la criatura más hermosa que he visto en mi vida —susurré en su oído antes de besar el ángulo de su mandíbula y bajar por su cuello. No mentía, no había otro cuerpo que quisiera tocar ni poseer. De pronto era como si el resto de las mujeres en el mundo perdieran su encanto, como si ninguna pudiera ser tan especial ni cautivante.

¿Cómo distraerse con un trozos de carbón, cuando tienes un hermoso diamante frente a ti?

Capítulo 138: Su nombre sobre el corazón 1

Capítulo 138: Su nombre sobre el corazón 2

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