JULIA RODRÍGUEZ
—Ganaste —dijo Matt con las manos dentro de sus bolsillos y viendo el horizonte, entre los árboles frutales y los arbustos. El cielo se estaba tiñendo de tonos morados y naranjas y yo solo me sentía melancólica y rota—. Eres la mujer más fuerte que he conocido en mi vida. Hice tanto que te destruyó por dentro. No fue mi intención, pero fracturé tu alma y aun así sigues de pie con la frente en alto, como si todo lo que pasó fuera tan lejano e insignificante.
—¿Y qué gané? —pregunté intentando sonreír, aunque las lágrimas se me estaban juntando en la garganta y la nariz se me constipó—. Despertar todos los días pensando en ti. A veces con un odio profundo que me envenena, que me ahoga. Otras veces solo lloro mientras me baño, pensando en todo lo que invertí: tiempo y amor, ¿para qué? Para nada.
»Ya no soy la mujer de antes. Ya no soy esa chica que te veía con asombro y te respetaba. Ya no me comporto como un perro, haciendo cualquier gracia para recibir una palmadita en la cabeza —solté sin dejar de caminar, sorbiendo por la nariz, mientras que las lágrimas se aferraban a mis pestañas para no caer—. A veces creo que tuve que esforzarme más, que tuve que rogarte más y tal vez tú hubieras cambiado, hubieras visto en mí lo que yo quería que vieras. Una mujer que te amaba sin condiciones, que no quería tu dinero ni tu prestigio, solo... amor.
»Aunque creo que eso fue pedir demasiado. Tal vez simplemente tuve que darme por vencida antes y no estaríamos así.
—Julia —susurró mi nombre, pero no volteé hacia él—. Me dijiste que treinta días no eran suficientes para arreglar lo que en tantos años causé. Ahora solo te pido diez minutos para que me escuches. Diez minutos para decirte toda la verdad y si, después de eso, me das una oportunidad para enmendar las cosas y recuperar la familia que no supe valorar, entonces no dedicaré treinta días, sino toda mi vida para demostrarte que soy mejor que el hombre que conociste y que puedo hacerte feliz de verdad.
—Matt… ¿por qué te aferras? —pregunté cansada, herida y con una presión en el pecho que se estaba volviendo insoportable—. Lo nuestro terminó, seguimos caminos diferentes. Somos felices así.
—No, yo no soy feliz así —respondió acercándose un poco más. Sus ojos brillaban con intensidad, eran un cielo despejado a comparación del cielo que nos cubría—. Ni siquiera perdiendo la memoria dejé de verte, dejé de extrañarte.
»No hay manera de que yo pueda seguir con mi vida si no te tengo, si no lucho por recuperarte a ti y a mis hijos —agregó con firmeza, tomando mi mano, pero de inmediato yo retrocedí sorprendida, deslizando mis dedos de entre los suyos.
—¿Hijos? ¿De qué estás hablando? —pregunté con el corazón latiéndome en la garganta.
—Sé que estás embarazada… —susurró Matt y mis manos se posaron en mi vientre de manera protectora—. Sé que es mío.
—Yo siempre te amé… mi error fue no demostrártelo, mi error fue tener miedo a atarme a ti, aunque en el fondo ya lo estaba —respondió con firmeza y dio un paso más hacia mí para encararme—. Julia, solo déjame explicarme. Las cosas no son tan fáciles.
—¿No es fácil apoyar a la mujer que dices amar? —pregunté ladeando la cabeza, fingiendo que no lo entendía—. Tuviste el valor de venir hasta acá a buscarme, pero nunca se te ocurrió invitarme un café, decirme que me veía bonita, felicitarme por mis logros, por el contrario, cada cosa que hacía por ti era como si fuera mi obligación.
»Me usaste de todas las maneras que se te ocurrieron y ahora vienes arrepentido. —Negué con la cabeza mientras contenía las ganas de llorar—. Yo si te amé, te amé tanto que esperé a que me vieras, a que me respetaras, a que me validaras. Te amé tanto que todas las migajas que me diste las acepté como si fueran más de lo que me merecía, creyendo que poco a poco lograrías abrirte y dejarías de tratarme como a una mascota.
»Eso no pasó, no hasta que yo decidí irme. ¿Es amor lo que sientes o solo dependencia, costumbre o tal vez necesidad? Tal vez lo único que quieres es que vuelva a trabajar contigo, a resolver todo en la empresa sin recibir crédito.
»No va a pasar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!