JULIA RODRÍGUEZ
Su beso era desesperado, demandante, y por mucho que quise alejarlo de mí, no podía. Mi cuerpo dolía, por obligarme a rechazarlo, pero sabía que era el primer paso para volver a ser yo de verdad, no la esposa olvidada en un rincón, no la empleada que solucionaba todo, no la muñeca sexual con lencería perfecta que lo esperaba todas las noches.
Entonces su teléfono comenzó a sonar insistente, haciendo que por fin el beso terminara. Nos vimos por un largo rato a los ojos antes de que él sacara su teléfono del bolsillo. Vi por un momento fugaz su pantalla, sabía perfectamente quien le llamaba, era Sharon.
El timbre sonó y sonó mientras él parecía dudar si contestar o no. ¿En verdad estaba dudando en contestarle a su amiga de la infancia y la mujer más importante de su vida?
Entorné los ojos, confundida por su comportamiento, mientras me acomodaba en la cama.
—¡Señorita Rodríguez! —exclamó una enfermera entrando a la habitación. Tenía mejor humor que todas sus compañeras y el doctor incluido—. ¿Cómo se siente?
Matthew bloqueó el teléfono y lo guardó de nuevo, aumentando mi desconcierto.
—Señora Grayson —corrigió molesto, viendo a la enfermera con reproche, la cual revisó mi expediente, confundida.
—No importa… —intervine cruzándome de brazos—. ¿Cuándo saldré de aquí?
—A eso vine —contestó la mujer recuperando su sonrisa—. Te quitaré ese molesto catéter. El doctor dice que has sido dada de alta, solo necesitamos un par de firmas y podrás regresar a casa.
Me quedé pensativa. ¿En verdad tenía a donde regresar?
—¿Hay servicio de taxis fuera del hospital? —pregunté mientras hacía cuentas en mi cabeza, juntando cada centavo que aún debía de estar repartido entre los bolsillos del pantalón que llevaba. Solo esperaba que siguieran ahí.
—Claro… podemos llamar a alguno que te lleve a donde desees —contestó la enfermera mientras deslizaba el teflón del catéter fuera de mi vena. Entonces sentí la mirada inquisitiva de Matthew que parecía indignarse más con cada segundo que pasaba.
—¿Taxi? No será necesario, yo mismo llevaré a mi esposa a casa —intervino demandante, dando un paso hacia mí.
—No regresaré a lo que tú llamas «casa» —contesté frunciendo el ceño mientras la enfermera paseaba incómoda la mirada entre los dos, como si estuviera en medio de un partido de tenis.
—La paciente necesita calma y reposo —dijo apenada, incluso Matthew la intimidaba, aunque no sabía si tanto como a mí.
—Lo tendrá en nuestro hogar —agregó Matthew molesto acercándose más en la cama—. Es mi esposa y yo me haré cargo de lo que necesite.
»Vendrás a casa conmigo y te olvidarás de toda esta tontería. ¿No quieres ver a Sharon? Bien, no irás de compras con ella de nuevo. No pienso sacarla de mi vida solo porque estás celosa, pero tampoco te obligaré a que convivas con ella.
—¡No se trata solo de Sharon! —exclamé desesperada por no hacerlo entender—. Se trata de todo esto, se trata de nosotros. Ya no quiero esto y no lo aceptaré. No regresaré a casa contigo, no voy a volver.
»Podrás esforzarte todo lo que quieras, podrás atarme con cadenas y llevarme a la fuerza, pero eso no significa que dejaré de pelear —siseé llena de desesperación—. Esto se acabó, señor Grayson. Como siempre tuvo que ser.
Se quedó parado ahí, viéndome con los ojos entornados y el rostro tenso, en un silencio que se hacía cada vez más pesado, cada vez más asfixiante.
—Hay un trato que tienes que cumplir —dijo por fin, soltando mi maleta, dejando que chocara con el piso—. Por mucho que quieras deshacerte de mí, no puedes ignorarlo. Faltan 28 días para que expire. 28 días para que puedas solicitar el divorcio, no antes.
»¿Tan desesperada estás por irte? Bien, pero no lo harás hasta que se cumpla con ese tiempo, te guste o no. A menos que quieras enfrentar a la policía —sentenció dejándome sin palabras. Por fin decidí agachar la mirada mientras le daba vueltas a sus palabras.
—Ya soporté dos años… ¿qué son 28 días más? —dije con una sonrisa cargada de derrota y melancolía.
—Entonces prepárate para regresar a casa —agregó Matthew molesto, como siempre que las cosas salían de su control.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!