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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 148

SANTIAGO CASTAÑEDA

Este momento no era mi declaración de guerra. Solo pedía respeto. Solo quería algo de paz para mi madre y para los que la queríamos con sinceridad. No iba a alzar la voz y dejar en claro mis intenciones, porque una guerra se gana con la boca cerrada y acciones. Nunca le avises a tu enemigo de tu próximo movimiento. Nunca amenaces. No avises de tu siguiente movimiento si no quieres perder.

Y mi padre no podía enterarse que, después de hoy, el imperio que me quería heredar se irá a la m****a, lo haré desaparecer con mis propias manos. ¿Carmen lo quiere para su hijo? Bien, que se lo quede, pero solo recibirá cenizas, de eso me voy a encargar.

Avancé hacia la puerta y justo ahí me encontré con esa arpía, quien vio a mi madre en mis brazos con sorpresa y dolor. Después de ver su jeta llena de resentimiento y ambición, por fin había algo más, una tristeza que parecía haber arrastrado durante años.

—Alondra… —susurró el nombre de su hermana y sus ojos se llenaron de lágrimas, pese a que parecía querer contenerlas—. Perdón, «almendrita».

Así llamaba Carmen a mi madre cuando eran niñas y aún se querían. Cuando aún eran hermanas y se cuidaban entre ellas. Intentó acercar su mano para tocar el rostro de mi madre, pero… no solo yo retrocedí, sino que el chofer se interpuso, silencioso y determinado, tomándola por sorpresa.

—Tu amante te espera… se está ahogando con su propia sangre —dije tajante, recibiendo los ojos confundidos de mi tía que parecía herida y perdida, pero no duró mucho, pues entró a la habitación presurosa recuperando la compostura.

De esa manera, con un silencio sepulcral cargado de miseria y dolor, salimos de esa casa, con la mirada de todos encima de nosotros.

Me detuve justo en la puerta y volteé, curioso, era como si algo hubiera cambiado en el ambiente, como una declaración de guerra silenciosa que se hacía presente con la ausencia. Justo dónde me había encontrado con Carmen y su bastardo noté que él era quien faltaba en el cuadro. Había desaparecido, y aunque no era algo que tuviera que perturbarme o preocuparme, me inquietaba.

Nunca hay que quitar un ojo de tus enemigos y en ese momento él había desaparecido de mi radar.

***

JULIA RODRÍGUEZ

Antes de que la noche se volviera profunda y pese a la euforia de Mateo por jugar con Matthew, tuve que mandarlo a dormir.

—¡Pero mamá! ¡Son vacaciones! —exclamó con sus ojitos bien abiertos y haciéndome el puchero más adorable del día.

Capítulo 148: Miedo de que, al despertar, tú ya no estés 1

Capítulo 148: Miedo de que, al despertar, tú ya no estés 2

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