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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 150

JULIA RODRÍGUEZ

Dejé las dos tazas de café sobre la mesa y en ese momento escuché como la puerta del cuarto de Mateo se cerraba. Vi mi reloj de pulso y supe que solo un «Mat» podía haber salido de ahí. Cuando me asomé, lo vi deteniéndose ante la puerta de mi cueva. Matthew vio lo poco que quedaba después del ataque de Liliana.

Entró y yo lo seguí en silencio y de brazos cruzados. El escritorio solo tenía mi computadora portátil y algunos esquemas en mis pizarrones. El lado artístico también estaba algo vacío.

Entonces se encontró con uno de los tantos retratos que había hecho de él. El azul de sus ojos se había arruinado con el agua jabonosa que Liliana me hizo el favor de arrojar a todo, pero dentro del caos que había propiciado, había creado algo, había transformado mi arte.

Era como si ese intento por destruir lo que había creado desde el corazón, solo hubiera cambiado mis obras, dándoles otra apariencia, incluso mejorándolas visualmente y en el fondo, como una manera metafórica de demostrar que los problemas y la adversidad a veces saca lo mejor de nosotros, aunque duela, aunque pese, aunque te quedes sin aire y sin esperanzas, si aguantas lo suficiente, te das cuenta de que el mundo se ve más hermoso.

—Siempre te vi dibujando en servilletas o en tus libretas junto a tus códigos de programación. Eran garabatos pequeños pero detallados —susurró acercando sus dedos al papel que colgaba del muro.

—Santiago me apoyó mucho para que desarrollara esa otra parte de mí —contesté con resentimiento, porque en el pasado Matt había arrugado esas servilletas y las había tirado a la basura sin piedad. Pude notar como bajó la mirada, él también lo recordaba—. Gracias a él tengo la empresa y también hago exposiciones de mis obras.

Matthew volteo hacia mí con la mirada herida.

—Querías diez minutos. Los tienes. —Di media vuelta y avancé hacia el comedor. No sabía cómo es que diez minutos cambiarían algo, si había explicación suficiente para que comprendiera sus groserías y maltratos.

Nos sentamos en silencio, a cada lado de la mesa. El café humeaba y acerqué mis manos para absorber su calor. Matt empezó como lo hacía en cualquier junta con inversores: técnico, profesional, frío, pero cuando levantó su mirada y se encontró con la mía, algo se rompió dentro de él y empezó a hablar desde el corazón. Me mostró cómo me veía a través de sus ojos y me dolió, porque si no se hubiera guardado eso, las cosas serían muy diferentes.

—No supe amarte sin miedo, sin tenerte resentimiento, porque me sentí atado a ti, porque quise esconder y matar lo que sentía, pensando que era un lastre —susurró con melancolía y la mirada perdida en su café—. Cuando me di cuenta de que fui un idiota, ya era demasiado tarde. Te perdí y… me doy cuenta de que no hay manera de recuperarte.

—¿Te estás dando por vencido, por fin? —pregunté con algo de decepción escondida en mi voz. ¿En verdad se había terminado?

—Forzar las cosas solo está haciendo que te alejes más —contestó encogiéndose de hombros y con una sonrisa derrotada pero serena—. Dicen que amar también significa dejar ir, ¿no? Entonces que así sea, si eres feliz con Santiago, no me meteré entre ustedes. Lo único que quiero es poder estar en la vida de mis hijos.

Abrí la boca, pero no salió ni una sola palabra. Sentía paz por saber que este capítulo estaba cerrado. Que lo que hubo entre Matt y yo ya estaba enterrado y en el olvido. Eso era lo que quería, ¿no?

Asentí y cuando me di cuenta el café ya estaba frío.

Capítulo 150: Un capítulo cerrado 1

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