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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 17

JULIA RODRÍGUEZ

Mis días se volvieron una rutina insoportable. Despertaba con náuseas, pero no podía vomitar en cualquier momento, no mientras Matthew estuviera presente. Tenía que aguantar mis mareos, tenía que comer cosas que en otro momento no me hubieran parecido asquerosas, maquillaba mi tez pálida y verdosa, y mis ojeras pronunciadas. Todo para que Matthew no se diera cuenta de nada.

Lo único que me daba consuelo era que podía quedarme en cama y descansar. Había días en los que solo me levantaba para comer y tolerarlo a él.

—¿Las flores de hoy fueron las correctas? ¿Te gustaron? —preguntó como si no le importara.

Cada día había improvisado con flores diferentes, todas las odiaba, aunque fueran hermosas.

—El problema no son las flores —contesté con ambas manos sobre la mesa, intentando mantenerme en equilibrio—. El problema es quien las regala.

Su mirada se enfocó en mí, penetrante, molesta, pero sus labios no se separaron. No había nada que él pudiera decir que cambiara lo que yo quería. Me aferraría al divorcio con uñas y dientes. De pronto la cocinera entró al comedor con su charola llena de platos rebosantes de comida.

Ya podía imaginarme el nuevo platillo especial para mejorar mi nutrición. Mi estómago ya se estaba revolviendo cuando quitó la tapa, mostrando, ante mi sorpresa, unos panqueques esponjosos y cubiertos con miel y fresas.

—El amo Grayson decidió que hoy podemos saltarnos el martirio —dijo la cocinera casi en un susurro mientras yo ya estaba cortando el primer trozo. Había empezado a salivar desde que ese olor dulce inundó mi nariz. Entonces volteé hacia él, quien solo aguardaba paciente.

—Come —dijo con un leve asentimiento. No esperaba reconocimiento ni agradecimiento. Como un ciervo asustado, acerqué lentamente el pedazo de panqueque a mi boca y lo disfruté.

—¿Le gustó, señora? —preguntó la cocinera mientras yo cerraba los ojos y masticaba con devoción. Era un alivio para mi estómago.

Asentí antes de dar el siguiente bocado, y el siguiente, no podía dejar de comer. El bebé parecía feliz de por fin probar algo delicioso. Entonces me di cuenta de que su padre me veía con interés, entornando los ojos mientras descansaba su mejilla en sus nudillos. Me estaba analizando.

—No podía seguir viendo como sufrías por comer todas esas verduras y pescado al vapor —susurró suavemente antes de extender su mano y acariciar mi mejilla con una lentitud que la hizo arder.

Compartimos un silencio que estaba cargado más de dudas y dolor que de paz. Entreabrí los labios sin saber si quería explotar o simplemente ignorarlo.

—¿Señor Grayson? —preguntó el mayordomo, rompiendo con esa tensión, logrando que Matthew alejara su mano. Me enfoqué en mis panqueques, aunque el apetito me había abandonado—. La señorita Sharon está de visita.

Por unos largos segundos me quedé congelada. Odiaba a esa mujer, pero no podía decir nada, era la mejor amiga de Matthew y él era el dueño de esta casa, podía meter a quien quisiera y pronto yo estaría muy lejos como para que eso me importara.

—Le dije que no podía venir a esta casa —dijo Matthew con firmeza, poniéndose de pie. No me importó. Si quería quedar bien conmigo o con ella, que lo hiciera, a mí me valía.

—¡Matt! ¡No seas tan malo! —exclamó Sharon entrando al comedor, pasando detrás de mí como si yo no existiera, lanzándose a los brazos de él como si estuviera a punto de desmayarse. Estúpida vieja exagerada y falsa—. Te he buscado solo en tu trabajo, pero todos me dijeron que no estabas yendo a la oficina.

Capítulo 17: Tu Matt, tu casa… tus panqueques 1

Capítulo 17: Tu Matt, tu casa… tus panqueques 2

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