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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 18

JULIA RODRÍGUEZ

—No tuviste que hacer eso —susurró Matthew antes de tomarme en brazos y comenzar a subir las escaleras.

—Tú eres quien no debe de cargarme cada vez que me acerco a las escaleras —refunfuñé, pero no peleé, sabía que era inútil intentar que me soltara.

—¿Matt? —escuchamos la voz rota de Sharon, entonces Matthew terminó de subir las escaleras y me dejó con delicadeza antes de voltear hacia ella. Parecía triste y vulnerable, con los ojos enrojecidos por llorar—. Me iré para no seguir incomodando a July. No quiero causar más problemas.

¡Ahí estaba la perra manipuladora que conocía tan bien! Causando más lástima.

—Espera, Sharon —dijo Matthew, como siempre cayendo en la trampa cuando la vio arrastrando los pies hacia la puerta, con el vestido sucio y el alma rota—. Te llevaré de compras para compensar tu vestido, ¿está bien? No pasa nada.

—No quiero distraerte… —insistió ella con la cara llena de autocompasión. En cuanto Matthew comenzó a bajar las escaleras pude ver el destello de una sonrisa victoriosa en sus labios, apenas fugaz, pero igual de molesta.

—Está bien. Lamento mucho lo del vestido —agregó Matthew pellizcando su mentón. Entonces volteó hacía mí, recordando que yo seguía existiendo—. No tardaré. Te traeré algo lindo.

—No quiero nada —refunfuñé torciendo los ojos. En verdad contaba las horas para por fin estar libre de todo este drama asqueroso.

—¿Por qué eres tan grosera? —preguntó Sharon sintiéndose segura por la distancia entre las dos—. Matt es tan bueno con ambas. Incluso siendo su secretaria, mira, te deja vivir con él y te compra cosas lindas.

»¿Por mi culpa lo tratas así? —¡Como le gustaba mostrarse como la mártir!—. Matt, no quiero traerte problemas. Sé lo importante que es ella para ti y para la empresa y no quiero que por unos celos infundados arruine todo.

—¡Dios! ¡Tráiganle un premio a la reina del drama! —respondí torciendo los ojos y negando la cabeza y reconsiderando mis palabras. Me había hecho a mí misma una promesa silenciosa. No iba a quedarme callada, no iba a seguir agachando la cabeza. Ya estaba cansada de ser condescendiente.

—Sharon, ve al carro, por favor —dijo Matthew abriendo la puerta para ella, dejando que desfilara cabizbaja. Cuando regresó su atención hacia mí, noté que estaba pensando mucho. De seguro en este punto su cabeza era un caos—. Julia, no te pongas en peligro mientras no estoy. No tardo. Solo iremos por un vestido nuevo. ¿Quieres algo en especial?

Apreté los labios y volteé hacia atrás, por suerte no había nadie de la servidumbre que se hubiera dado cuenta de su presencia ni de sus palabras. De pronto extendió su mano hacia mí y esbozó una sonrisa, digna de un demonio recién salido del infierno.

El tipo irradiaba una oscuridad que incomodaba y atraía, porque algo debía de admitir, era exageradamente guapo, con esa maldita actitud de patán. Era la clase de hombre que podía vender el mundo entero si quería, con esa sonrisa de medio lado, la ceja arqueada y una actitud relajada que ocultaba algo más oscuro y peligroso.

Bajé la mirada hacia su mano, dudando si estrecharla o no, cuando vi ese tatuaje. Parecía insignificante, pero estaba cargado de respuestas. Tenía un ave negra en la piel y mientras un ala estaba tatuada sobre el largo del pulgar, la otra apuntaba hacia el índice, de tal modo que cuando movías el pulgar hacia arriba y hacia abajo daba la impresión de que el ave volaba, y eso mismo hizo él cuando notó mi atención en su tatuaje.

—¿Te gusta? —preguntó divertido mientras seguía moviendo su dedo, dándole vida al ave.

—Más bien lo reconozco —contesté y levanté la mirada hacia él, escéptica y angustiada—. Eres hijo de… Castañeda, el hombre al que mi padrastro le debe dinero.

—Vaya… no solo eres bonita y feroz, sino también una chica muy observadora. No esperaba menos de mi futura esposa —agregó con orgullo, recargándose en el marco de la puerta mientras veía con interés el interior de la casa, por arriba de mi cabeza—. ¿No me vas a invitar a pasar? Creo que tenemos mucho de qué hablar.

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