JULIA RODRÍGUEZ
—No tuviste que hacer eso —susurró Matthew antes de tomarme en brazos y comenzar a subir las escaleras.
—Tú eres quien no debe de cargarme cada vez que me acerco a las escaleras —refunfuñé, pero no peleé, sabía que era inútil intentar que me soltara.
—¿Matt? —escuchamos la voz rota de Sharon, entonces Matthew terminó de subir las escaleras y me dejó con delicadeza antes de voltear hacia ella. Parecía triste y vulnerable, con los ojos enrojecidos por llorar—. Me iré para no seguir incomodando a July. No quiero causar más problemas.
¡Ahí estaba la perra manipuladora que conocía tan bien! Causando más lástima.
—Espera, Sharon —dijo Matthew, como siempre cayendo en la trampa cuando la vio arrastrando los pies hacia la puerta, con el vestido sucio y el alma rota—. Te llevaré de compras para compensar tu vestido, ¿está bien? No pasa nada.
—No quiero distraerte… —insistió ella con la cara llena de autocompasión. En cuanto Matthew comenzó a bajar las escaleras pude ver el destello de una sonrisa victoriosa en sus labios, apenas fugaz, pero igual de molesta.
—Está bien. Lamento mucho lo del vestido —agregó Matthew pellizcando su mentón. Entonces volteó hacía mí, recordando que yo seguía existiendo—. No tardaré. Te traeré algo lindo.
—No quiero nada —refunfuñé torciendo los ojos. En verdad contaba las horas para por fin estar libre de todo este drama asqueroso.
—¿Por qué eres tan grosera? —preguntó Sharon sintiéndose segura por la distancia entre las dos—. Matt es tan bueno con ambas. Incluso siendo su secretaria, mira, te deja vivir con él y te compra cosas lindas.
»¿Por mi culpa lo tratas así? —¡Como le gustaba mostrarse como la mártir!—. Matt, no quiero traerte problemas. Sé lo importante que es ella para ti y para la empresa y no quiero que por unos celos infundados arruine todo.
—¡Dios! ¡Tráiganle un premio a la reina del drama! —respondí torciendo los ojos y negando la cabeza y reconsiderando mis palabras. Me había hecho a mí misma una promesa silenciosa. No iba a quedarme callada, no iba a seguir agachando la cabeza. Ya estaba cansada de ser condescendiente.
—Sharon, ve al carro, por favor —dijo Matthew abriendo la puerta para ella, dejando que desfilara cabizbaja. Cuando regresó su atención hacia mí, noté que estaba pensando mucho. De seguro en este punto su cabeza era un caos—. Julia, no te pongas en peligro mientras no estoy. No tardo. Solo iremos por un vestido nuevo. ¿Quieres algo en especial?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!