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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 170

LILIANA CASTILLO

«Recuerda que quien gana en una partida de ajedrez, es quien comete menos errores. No te hice soldado para que obedezcas reglas, te hice cabrona para que hagas las tuyas propias», recordé las palabras de mi padre, retumbando en mis oídos cuando su entrenamiento terminó. Desde que tengo uso de razón, ese señor siempre se enfocó en entrenarme, a veces a modo de juego, otras veces de una manera muy realista.

No me quería en la milicia. Ni siquiera me quería inmiscuida en sus negocios con la familia Castañeda. Nunca quiso que el mundo viera el monstruo que había creado y escondido debajo de la alfombra, y aun así, pese al dolor, a la mandíbula dislocada y el brazo fracturado entre otras lesiones que me dejó su entrenamiento, amaba a mi padre con todo mi corazón.

Me guardé una navaja en la bota y esa pequeña bolsita de terciopelo rellena de cenizas dentro del bolsillo de mi pantalón antes de comenzar a olisquear, buscando un rastro.

Salí de la casa a hurtadillas, cuando la noche oscurecía por completo el jardín. Seguí el rastro de hojas aplastadas hasta afuera de la propiedad. Me subí la capucha de mi sudadera y anduve con la mirada fija al frente hasta que las huellas me llevaron a un hotel de mala muerte, de esos que tienen letreros de: $300 x 2 horas, me quedaba claro que no eran para dormir.

En la puerta había dos hombres fingiendo perder el tiempo y distraerse con el pasar de los autos, pero yo sabía muy bien lo que hacían, estaban vigilando.

Seguí de largo y decidí entrar por el estacionamiento que parecía despejado. Me moví con cautela, como un fantasma, hasta que llegué a la habitación indicada.

—¿Cómo que no planeas seguir con lo que te pedí? —exclamó la mujer dentro de la habitación. Tuve que asomarme sutilmente por la ventana para verlas, de nuevo ese par de rubias—. Ahora que está bajo el mismo techo, debería de ser más fácil.

—Error, es más difícil —contestó Rita caminando de un lado a otro, como si estuviera reflexionando—. No puedo hacerle nada sin que todas las miradas se posen en mí. Sería la primera sospechosa.

—Escúchame bien… he estado financiando a tu equipo de asesinos de m****a y quiero resultados —sentenció la rubia mayor, sobándose el abdomen mientras que con la otra mano señalaba de manera despectiva a Rita—. ¡Tráeme la maldita cabeza de Julia!

—¡¿Se te olvida que ahora su esposo, el mafioso ese, está en nuestra casa?! Si algo le pasa a Julia y sospechan de mí, él será el primero en hacerme pedazos —respondió Rita furiosa y no podía tener más la razón. No solo Santiago la haría pedazos.

—¡Pues encárgate también de él! —agregó la rubia al borde de un berrinche.

—Justo eso es lo que voy a hacer —contestó Rita con una calma tan fría que me alertó—. Por eso te cité justo aquí, en este hotel, en esta habitación.

Fruncí el ceño, confundida, intentando pensar. ¿Qué había de importante y mágico en este lugar?

—¿Qué tiene que ver este hotel conmigo y con ese mafioso? —preguntó la rubia mayor confundida e indignada, pero su voz comenzaba a mostrar grietas, ese miedo que te llega cuando quieres hacer negocios con gente peligrosa sabiendo que estás en severa desventaja, y así fue.

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