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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 172

LILIANA CASTILLO

Abrí los ojos lentamente, aún con sueño, aún adolorida. El aroma a óxido y herrumbre me asqueó. Entonces me di cuenta de que estaba dentro de una de las bodegas abandonadas en la zona industrial. Podría gritar todo lo que quisiera, pero nadie me escucharía y si me escuchaban, nadie haría nada por mí, porque a veces más vale cerrar los oídos y seguir de frente cuando vives en un lugar dominado por la delincuencia organizada.

—Sinceramente no sé qué hacer contigo —dijo Rita mientras caminaba tranquilamente, organizando sus cosas mientras sus hombres me vigilaban. En una mesa a pocos metros de mí se encontraba mi navaja y las cenizas de Alondra—. Supongo que si la muerte de Sharon no es suficiente para incriminar a Santiago entonces tú serás la siguiente.

—¿A Santiago? —pregunté confundida—. ¿Por qué Santiago? ¿Qué te ha hecho?

—¡¿Qué te importa?! —exclamó molesta con ganas de golpearme—. ¿Crees que te diré mis planes como si fuéramos grandes amigas?

—No es que vaya a ir corriendo a decirles —respondí torciendo los ojos—, y bueno, me gusta el chisme y tal vez a ti te hace falta desahogarte.

—¿Estás consciente de que te tengo en mi poder y que cada bromita estúpida puede hacer que mis ganas de matarte aumenten? —preguntó entornando los ojos mientras yo me encogía de hombros—. No contaba con que te presentaras de esa manera en el cuarto, pero encontraré la manera de sacarte el mejor provecho. Disfruta que por el momento no planeo torturarte y dejar que mis hombres se diviertan contigo.

—¿Tus hombres o los hombres de Matthew? —inquirí con una sonrisa torcida—. ¿Crees que no sé quienes son, «PayDay»? ¿No crees que sería muy divertido que Matt se enterara de que has usado a su gente, trayéndolos desde el extranjero y pagándoles con el dinero de la mujer que acabas de asesinar?

Aunque su rostro palideció ella se mantuvo con la frente en alto y las mandíbulas apretadas.

—Estás haciendo un cagadero, Rita, no sabes ni siquiera en qué problemas te estás metiendo y cuando te estalle toda esta m****a en la cara, lo disfrutaré en grande —dije sin apartar la mirada de ella, haciendo mi sonrisa más grande mientras me imaginaba todos los posibles finales por los que podría pasar.

Incluso noté como los hombres alrededor se veían entre ellos. También estaban jugando con fuego y cuando su jefe se diera cuenta, tendrían todo que perder. ¿Valía la pena seguir los caprichos de una niña tonta como Rita?

Sin decir ni una sola palabra, Rita dio media vuelta y salió de la bodega, dejándonos en un silencio profundo que no tardaría en aburrirme.

—¿Alguien trae cartas? —pregunté paseando mi mirada en cada hombre rígido como estatua—. ¿Por lo menos pueden poner música? ¡Me voy a volver loca!

Lo estrepitoso de mi grito hizo que me fuera de lado, lentamente, cayendo con todo y silla de manera vergonzosa. Cuando resoplé en el piso levanté una pequeña nube de polvo.

—Bien… ¿Alguien me puede levantar? Hablo en serio, tengo las cervicales sensibles y mantener la cabeza colgando me genera dolor —solté con desenfado hasta que alguien se acomidió para levantarme.

—Cállate si no quieres que te amordacemos —susurró el hombre. Odiaba que me amenazaran.

—Cállame, perro… —respondí con el mismo tono bajo y sin apartar la mirada de él, pronunciando cada palabra de manera lenta y con gusto—. ¡Nadie me va a decir qué hacer! ¡Yo no estoy encerrada con ustedes! ¡Ustedes están encerrados conmigo! ¡Chinguen a su madre todos!

Y como bien había amenazado, terminé con un pedazo de tela en la boca y muriendo de aburrición. Ya ni llorar era bueno.

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