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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 174

MATTHEW GRAYSON

—No —dije tajante y molesto—. No pienso vivir en la misma casa contigo, no voy a tolerar tu existencia en mi vida y mucho menos voy a cuidar de tus hijos como si fueran míos.

—¡Ah! ¡¿Por qué?! —exclamó Santiago poniéndose de pie de un brinco—. Yo cuidé de Mateo cuando tú no estuviste. Es más mío que tuyo y no te lo ando echando en cara. Lo mínimo que espero de tu parte es que hagas lo mismo por mis hijos. Eso fortalecerá nuestra relación.

—¿Relación? —preguntó Julia arqueando una ceja y sonriendo divertida. Estaba más acostumbrada a las irreverencias de Santiago que yo, o por lo menos le tenía más paciencia.

—Sí, no estás para saberlo, ni yo para contarlo, pero ya dormimos juntos —confesó Santiago fingiendo que le apenaba comunicárselo a Julia.

—¡No dormimos juntos! —exclamé perdiendo la paciencia—. ¡Él apareció en mi cama! ¡Se metió a mi habitación sin permiso!

—¡Pero bien que te gustó despertar conmigo, abrazados de cucharita! —exclamó empeorando las cosas, como si burlarse de mí fuera un deporte para él.

—¿De cucharita? —preguntó Julia ampliando su sonrisa y negando con la cabeza mientras se cubría los ojos.

—Ajá… Tenía pesadillas y tuve que abrazarlo para que pudiera dormir —contestó Santiago encogiéndose de hombros mientras yo controlaba mis ganas de golpearlo directo en la cara—. ¿Sabes lo que es curioso? Sufría de la misma manera que tú. Mientras tú gritabas su nombre en medio de la oscuridad, él hacía lo mismo con el tuyo. Parece que, para ambos, su peor miedo es… perder al otro.

La voz de Santiago cobró seriedad y de nuevo sentí los ojos de Julia en mí, haciendo preguntas silenciosas que buscaba responder viendo mi rostro.

—¡Pero, bueno! No estoy aquí para ayudarles con su relación, parece que lo están dominando bastante bien solos —agregó Santiago con un resoplido—. Solo quiero aclarar que yo no soy el homicida de la televisión, lo juro.

—¿Crees que tu palabra es suficiente? —pregunté con el ceño fruncido. No dudaba de él, sabía que no era el asesino de Sharon, pero tampoco quería dejarle las cosas fáciles, no después de burlarse de mí.

—Tengo forma de probarlo, empezando porque a la mujer que yo maté en el pasado le saqué el corazón, esta solo estaba abierta del abdomen, así que… el que me copió no puso atención en los detalles —agregó quitado de la pena, como si arrebatar una vida no fuera algo que le causara pesadillas.

—Que buena explicación, aunque si hubieras mencionado que no pudiste ser tú… ¡porque no has salido de la puta casa en todo este tiempo y he tenido que ver tu maldito rostro todos los días, incluso en el mismo momento que Sharon fue asesinada! —exclamé furioso plantándome frente a él—. No lo sé, suena más creíble, ¿no crees?

Santiago se me quedó viendo fijamente, entornando los ojos, valorando cada palabra.

—Sí, bueno… ese es otro punto por el cual yo no soy el culpable y alguien quiere incriminarme —agregó encogiéndose de hombros—. Me alegra saber que estás consciente de mi inocencia. Eso hacen los amigos, confiar.

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