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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 176

LILIANA CASTILLO

—Cariño, no tienes nada de qué preocuparte, Javier será gentil, es un caballero, lo juro —agregó Carmen acariciando mi mejilla, pensando que eso era lo que más me preocupaba—. No me imagino lo horrible que tuvo que ser para ti ser el juguete de Santiago, pero te prometo que Javier…

—Santiago nunca me tocó —confesé, interrumpiéndola. Entonces levanté la mirada hacia ella y con los labios apretados agregué—: Soy virgen, y no tengo problema en demostrarlo como sea.

Carmen posó su dedo en mis labios, silenciándome con gentileza.

—Mi niña, no buscaba una chica virgen para mi hijo… solo una compañera digna, y tú lo eres —agregó con una sonrisa piadosa, aunque en el fondo sabía muy bien que no era así como pensaba. Ella me quería porque mi padre era muy importante y tenerlo de aliado aseguraba su lugar en la organización, obteniendo el control. Me sentía en un enorme tablero de ajedrez, tan pequeña como un peón que aspira a convertirse en reina—. No hablemos del tema. Llegaremos a casa, tomarás un baño caliente y descansarás, ¿entendido?

Me abrazó, recargando mi cabeza en su hombro mientras me acariciaba el cabello como quien juega con monedas de oro.

En cuanto llegamos a la enorme casa de Rafael Castañeda, Carmen cumplió con lo prometido, hizo que la servidumbre me llevara al cuarto de Javier y me prepararan un baño caliente. Cuando me quedé completamente sola en la tina, empecé a calcular. No pensé en Javier y en la necesidad de Carmen por un nieto, tenía que replantear todo si no quería fallas.

Salí del baño envuelta en una toalla, aún pensativa, cuando lo vi frente a la mesita de noche, paseando sus dedos entre mi navaja y mi bolsa de terciopelo. No tenía miedo de que me descubriera, tenía miedo de no enterarme que ya lo había hecho.

Volteó lentamente y sus ojos me recorrieron sin interés, casi por compromiso, y resopló.

—No pienso tocarte esta noche —soltó con voz profunda y rasposa, sin deshacerse de ese gesto de fastidio—, mañana, después de anunciar nuestro compromiso ya no habrá excusa para que funciones como mi mujer.

Abrí la boca, pero no tenía nada qué decir. Las circunstancias me resultaban irónicas. Tenía que quedarme en esta casa, ese era mi objetivo, necesitaba tiempo para llevar a cabo la última parte de mi plan, pero para conseguirlo, ¿tendría que… «aparearme» con Javier? Le eché un vistazo con disimulo, era un hombre atractivo, aunque su carácter diera miedo, además, me quedaba claro que tenía un buen cuerpo escondido debajo de esa ropa, entonces de nuevo pensé en Carl, en su sonrisa, y justo cuando el remordimiento me comenzaba a inundar, recordé la manera en la que estaba intentando proteger a Rita, como si fuera un caso rescatable, cuando yo sabía muy bien que ya no había nada que hacer con una mujer como ella.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Javier. Cuando me di cuenta ya lo tenía frente a mí y me había tomado del mentón para sostener mi rostro.

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