CARL ROGERS
El general sonrió con la mirada perdida a través de la puerta.
—Patricio está haciendo un buen trabajo. De manera cautelosa está censando a los hombres que te quedan, viendo si son confiables, pero lamento decirte que son pocos a comparación de los que aún siguen a tu padre, pese a sus recientes problemas mentales —contestó con calma y manteniendo las manos detrás de la espalda mientras volteaba hacia Santiago—. Encárgate de mantenerte vivo y no te preocupes por Liliana, ella está haciendo lo que tiene que hacer.
—¿Lily? —preguntó Santiago confundido y soltó una sonrisa nerviosa—, no puedo simplemente ignorar su desaparición, ella es tan… tan…
—¿Torpe? —agregó Matt con un resoplido—. Puede estar atorada en una coladera en este preciso momento.
—Señor Grayson, no subestime a mi pequeña —contestó el general con un brillo en la mirada que me desconcertó. ¿Cómo sabía quién era Matt? Bueno, no me sorprendía, de seguro sabía muy bien todo sobre nosotros. Un hombre como él tenía que saberlo todo.
—¿Liliana también está en el ejército? —preguntó Matt cruzándose de brazos, intrigado.
—No, pero es mi hija, y eso la vuelve más letal —respondió con orgullo y una gran sonrisa. ¿Era amor de padre o algo más?
***
SANTIAGO CASTAÑEDA
Matthew me había ofrecido su despacho para hablar en privado con el general. He de admitir que en cuanto entré comencé a buscar entre los libros y debajo de los papeles algo, una grabadora o micrófono, no podía confiar en mi chiquistriquis, esos ojos azules podían ser muy mentirosos.
—Estás en problemas, Santiago —dijo Guillermo mientras me veía pululando por todo el lugar.
—¡Ya sé! —exclamé aplastándome las mejillas—. Alguien allá afuera está intentando incriminarme.
—Tú nombre ya está en boca de toda la policía, no hay pruebas para acusarte, pero las sospechas son muy grandes y son suficientes para detenerte —agregó con pesar—. Eso te vuelve poco confiable para dirigir la organización y ahora que tu padre está prácticamente desahuciado…
—¡Ya sé! ¡Ya sé! —volví a gritar con una mezcla de ira y colapso—. Dejará todo en manos de Javier.
—A menos que demuestres que no eres el culpable y que tienes un heredero digno, y no me refiero al pequeño Mateo, alguien se ha encargado de difundir el rumor de que no es tu hijo, lo más seguro es que más de uno solicite una prueba de paternidad antes que bajar la cabeza y seguir tus órdenes —continuó dándome motivos para sentirme presionado.
—¡Ya lo sé también! ¡Guillermo, si solo viniste a arruinar mi día, mejor ya vete! —exclamé sacudiéndome el cabello—. Yo estaba preocupado por tu hija, pero ya vi que a ti te vale madres.
—No es que no esté preocupado, es que la conozco lo suficiente para saber que no necesitamos preocuparnos por ella —agregó encogiéndose de hombros. ¿Hablaba en serio?

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