SANTIAGO CASTAÑEDA
—Hay algo que tu padre nunca te enseñó y se volvió un punto débil —dijo Guillermo viéndome con intensidad—. No todo se trata de disparar, intimidar y tomar las cosas a la fuerza. Observa, tomate tu tiempo, piensa con calma.
Sus palabras causaron eco dentro de mí. Era tan diferente a mi padre que todo lo tomaba por la fuerza y cuanto antes. Era desesperado y explosivo, mientras que Guillermo parecía calmado y reflexivo.
Regresé mi atención hacia la familia Castañeda, esa en la que yo ya no figuraba. Mis ojos se encontraron de pronto con los de Lily y entonces noté que ella no parecía preocupada, tampoco soberbia, me sonrió como solía hacerlo, con esa inocencia que me hacía verla incluso más joven de lo que en realidad era.
Entonces el circo comenzó, de pronto los murmullos se volvieron exclamaciones de horror y sorpresa. La gente comenzó a separarse, como si estuvieran en presencia de algún enfermo o vagabundo. Fue cuando la vi, era Rita la hermana de Carl, estaba bañada en sangre, podía apostar que era de ella, y sostenía un cuchillo en su mano temblorosa.
El corazón me dio un vuelco cuando noté que su atención estaba por entero en Liliana y que mi atarantada favorita aún no se percataba del caos que se precipitaba hacia ella. Ni siquiera alcancé a gritar su nombre cuando Carmen fue quien exclamó, tomó por los hombros a Lily y la abrazó de manera protectora mientras que Javier se interponía entre la dirección del cuchillo y su ahora prometida.
Aunque el cuchillo era de tamaño considerable y se había encajado sobre el pecho de Javier, este ni siquiera retrocedió, como si solo se tratara del molesto piquete de un mosquito. Su puño aterrizó en el rostro ya magullado de Rita haciéndola caer.
—¡Lily, mi niña, ¿estás bien?! —preguntó Carmen asustada mientras acariciaba las mejillas de Liliana y esta se refugiaba en sus brazos, apoyando su cabeza en su hombro, pero sin dejar de ver el espectáculo.
—¡¿No lo ven?! —gritó Rita con voz temblorosa y desesperada—. ¡Esa maldita los está manipulando como manipuló a mi hermano! ¡Todo esto es su plan! ¡Todos están ciegos!
Cuando volteé hacia Guillermo, estaba tranquilo, con una sonrisa apenas perceptible. Entonces Javier volvió a golpear a Rita, esta vez en el estómago, haciéndola caer al piso.
—Javier… ¿cómo es que se escapó? —preguntó Carmen con soberbia sin dejar de abrazar a Lily—. No es la manera en la que tienes que entregarle su regalo a tu prometida.
Entonces Lily se zafó del abrazo de Carmen con gentileza y se acercó a Rita que aún se retorcía en el piso, pero con la mirada llena de rencor.
—Tú… —susurró Rita y por un breve instante Lily ya no parecía inocente ni vulnerable, por el contrario, su mirada estaba llena de soberbia. Con la punta de su zapato levantó el mentón de Rita y sonrió.
—Yo pedí tu cabeza como regalo de compromiso… —susurró con voz envenenada—. Fue una mala idea secuestrarme y venderme.
¿Secuestrarla y venderla? ¿Rita era responsable de la desaparición de Lily?

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