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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 182

SANTIAGO CASTAÑEDA

—¿Santiago? ¿De qué está hablando Carl? —preguntó Julia desde arriba, con la mirada cargada de horror.

Me encogí de hombros, cansado, y negué con la cabeza antes de voltear hacia ella. Nuestros ojos se encontraron y ni siquiera supe por dónde empezar.

—Liliana y Javier se van a casar. —Noté como el rostro de ambas cambiaba a sorpresa mezclada con el amargo sabor de la traición—. No sé qué está tramando Lily, pero confío en que no nos ha traicionado. Ella jamás lo haría.

—¡Mató a Rita! —gritó Carl y yo cerré los ojos como si hubiera presenciado un accidente catastrófico—. ¡¿A eso llamas no traicionarnos?!

—Teóricamente, ella no la mató —respondí intentando manipular la semántica.

—Pidió su cabeza como regalo de compromiso… —siseó Carl comenzando a exasperarse—. Javier era el arma, pero ella fue quien decidió jalar el gatillo.

Quería esforzarme por comprenderlo, por sentir simpatía por Carl, pero… ¡por favor! Rita era un dolor de huevos. Sí, lo que le pasó fue… triste, como cuando te dicen que atropellaron al perro del vecino y dices: ¡ay, pobrecito! Antes de continuar con tu camino.

Y eso que aún no mencionaba que Liliana había inculpado a Rita por la muerte de todos esos personajes ilustres que iban desde políticos corruptos hasta policías deshonestos.

—Ella misma pidió su cabeza como regalo —sentenció con odio en la voz—. ¡Esa maldita perra mató a mi hermana! ¡Es una puta traidora de m****a! ¡Nos dio la espalda! ¡Nos vendió!

—¡No le hables así a Liliana! —exclamé furioso por sus acusaciones. Confiaba en ella y confiaba en su padre. Gracias a como había envenenado a todos esos hombres en la reunión, le había restado fuerza no solo a Carmen, sino a toda la organización—. ¿Por qué no mostraste más interés cuando ella había sido secuestrada? Porque, si escuché bien, Rita fue quien secuestró a Lily y la vendió a Carmen. Ahí si no te quejas, ¿verdad, cabrón?

Los ojos de Carl irradiaban odio, uno profundo. Me arrojó la botella que tenía en la mano, no me fue difícil esquivarla sin siquiera apartar la mirada de él. Entonces le sonreí, solo para provocarlo y funcionó. Se lanzó con los puños hacia enfrente. Si no hubiera sido por Matt, nos hubiéramos enredado en una pelea que de seguro hubiera acabado mal para Carl.

—¡Basta! —gritó Matt empujando a su amigo hacia atrás.

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