LILIANA CASTILLO
Javier besó mi mano con ternura antes de dar media vuelta y acercarse a la puerta, cuando volteó hacia mí, regresó la Liliana inocente y fantasiosa, esa que solo salía a flote cuando se sentía en confianza.
—¿Sientes algo? Algo como… ¿amor? —pregunté y me arrepentí. De inmediato me sonrojé cuando él sonrió de medio lado.
—Es muy pronto para hablar de amor —contestó encogiéndose de hombros y soltando un suspiro—, pero no soy tan cobarde como para negar que hay algo en ti que hace que mis planes se pongan de cabeza. Normalmente me enojaría, supongo que eso es lo que te hace especial, porque… te quiero cerca, aunque eso arruine todo.
—Sí estás tratando de manipularme sentimentalmente para que yo me doblegue… —susurré con un nudo en la garganta.
—¿Lo estoy logrando? —preguntó divertido y extendió su mano hacia mí.
Cerré los ojos por un momento, de nuevo decepcionada de mí misma por sentirme así, pero al mismo tiempo con una emoción de adolescente que no podía controlar. Deslicé mis dedos sobre su palma y se sintió tan bien cuando su mano envolvió la mía.
Siempre esperé encontrar el amor, la persona correcta con la cual tenerlo todo. Pensé que lo había encontrado en Carl cuando sentí esa emoción revoloteando en mi cuerpo, pero no se comparaba con cómo me sentía cuando estaba con Javier. Él, con una sola mirada me hacía sentir cien veces más emocionada y nerviosa que Carl con su mejor beso.
¡Estaba condenada al fracaso si seguía haciéndole caso a mi corazón!
—De algo debes de estar segura… —susurró en cuanto me acerqué a él, resignada, dolida, frustrada, pero ahí, sin poder alejarme, sin poder cortarle la garganta—. No voy a lastimarte, ni permitir que nadie te lastime.
Bajamos de la mano hasta el comedor. Me ofreció la silla y se sentó a mi lado, como un caballero, mientras Carmen veía todo con orgullo y una sonrisa cargada de satisfacción.
—Me alegra ver que todo va muy bien entre ustedes —dijo Carmen con ese tono meloso y venenoso que me erizaba la piel—. Se ven tan bien juntos. Hacen muy linda pareja. ¿No crees, Rafael?
Cuando volteé hacia el hombre, me encontré con su mirada penetrante, fija en mí, como si quisiera atravesarme.
—La posición de Javier como líder de la organización se hará formal cuando tú me des un nieto digno, Lily —dijo entornando los ojos y posando su mano sobre la mía—. Me alegra que tengas un lugar más privilegiado en la familia. No lo arruines.
Abrí los labios, pero antes de contestar, Javier levantó mi mano y la besó con calma. Distrayéndome.
El desayuno pasó en calma, tanto Carmen como Rafael intentaba hacerme sentir en confianza, con bromas casuales y sonrisas, pero la única forma en la que me sentía tranquila era cuando sentía las caricias casuales de Javier en gestos simples, como ayudarme a cortar la carne de mi plato, acercarme mi vaso de jugo, tomar mi mano por debajo de la mesa. Eran cosas tan sencillas, pero que aceleraban mi corazón al punto de que pensaba que explotaría en cualquier momento.

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