JULIA RODRÍGUEZ
Me quedé más tiempo del que esperaba viendo la prueba de ADN falsa y mis manos comenzaron a temblar. De pronto las manos de Santiago envolvieron las mías, motivándome a levantar mi atención hacia él.
—Julia… —susurró mi nombre, pero yo retrocedí, terminando el contacto.
—Necesito tiempo… —respondí casi sin aire. Sabía que era algo a lo que no podía negarme, pero eso no significaba que no me costaría hacerlo.
—Tiempo, tiempo y más tiempo… —rezongó con fastidio torciendo los ojos—. Me agradas, te aprecio, pero creo que tardas mucho en tomar decisiones. Tienes corazón de pollo y eso no es bueno.
»Pero descuida, yo te enseñaré a ser contundente, ya lo verás —aseguró y sus palabras me hicieron temblar. Era una amenaza disfrazada—. Si no le rompes el corazón a Matt, entonces no podré hacer nada, mi papá vendrá con la espada desenvainada, verá que él es el único obstáculo para que nos casemos y hará lo que mejor sabe hacer: matarlo.
»¿Qué prefieres, Julia? ¿Que Matt se quede en su querido país con las manos vacías y rehaga su vida con la mujer que pone por encima de ti siempre, o que mi padre venga y lo ahorque con sus propias entrañas? —preguntó como si solo me estuviera haciendo decidir entre dos sabores de helado—. Creo que no es tan difícil.
Aunque al principio casarme con Santiago parecía una salida fácil a mi propia desgracia, ahora se estaba transformando en un grillete atado a mi tobillo.
—Julia… ¿En verdad crees que su cambio será para siempre? —Posó su mano sobre mi hombro—. No quiero envenenarte contra él, pero tienes que admitir que él solo te está prestando atención ahora que sabe que te puede perder, pero… ¿lo hizo antes cuando te tenía segura? ¿Crees que lo seguiría haciendo si nota que vuelves a ser la misma mujer sumisa?
Cerré los ojos, como si sus palabras fueran una brisa fría que se encajaba en mi piel como finas agujas.
—Sabes que él no te ama como tú lo amas —agregó como un demonio intentando convencerme para vender mi alma—. Conmigo tendrás libertad y protección. Podrás disponer de mi dinero como tú quieras. Podrás entrar en la empresa que tú quieras. ¡Es más! ¡Podrás poner tu propia empresa si así lo decides!
»No tendrás que preocuparte por tu bebé. Nacerá en el mejor hospital y tendrá todo lo que necesite e incluso más, sin preocuparte si el día de mañana el hombre a tu lado te deja de querer.
—Tú no me amas… —susurré temiendo que el sudor de mis manos arruinara el documento.
—Pero tampoco te odio y mucho menos te trataré como algo desechable, no como lo hace Matt —respondió Santiago poniendo ambas manos en mis hombros. Sabía qué decir y cómo decirlo. Sabía cómo lastimarme y mantener su imagen de salvador—. Te trataré con respeto, como mi igual, cosa que Matt nunca ha hecho, ni siquiera ahora y lo sabes.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!