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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 34

JULIA RODRÍGUEZ

—¿Julia? —insistió Matt acercándose con cautela. Curioso por mi silencio, y al mismo tiempo preocupado. Se sentó a mi lado y su mano se deslizó lentamente por mi mejilla, haciendo que por fin volteara hacia él—. ¿Estás bien?

Asentí antes de soltar todo el aire de mis pulmones.

—Lo siento, es que no tengo mucha hambre —respondí y en ese momento su mano se posó en mi vientre, lo cubría en su totalidad con su palma mientras besaba mi cabello.

No me dijo nada sobre el bebé, no lo admitía ni lo negaba, era como si él ya estuviera seguro de que existía y no necesitara el permiso de nadie para creer en eso, ni siquiera mi confirmación.

—Tienes que comer, aunque sea un poco —agregó con suavidad, antes de tomar mi mano—. Anda… vamos, por favor, no me hagas rogarte.

Su voz en mi oído me calmó y al mismo tiempo erizó mi piel. Con gentileza me llevó, sin que pudiera oponerme. Mientras veía por encima de mi hombro hacia la cama, sabiendo que ahí se escondía lo que podía acabar con todo.

Tenía una bomba nuclear debajo del colchón.

***

Toda la comida estuve distraída, distante, y Matthew lo notó. Podía sentir su mirada preocupada y la manera en la que tomaba mi mano de manera casual, intentando reconfortarme, pero solo me ponía más nerviosa.

Por la tarde decidí leer algo frente a la chimenea mientras el cielo caía a cantaros. Intenté distraer mi mente, pero Matthew, en su preocupación, decidió quedarse cerca, justificando que quería trabajar en la sala a mi lado, mientras la computadora portátil descansaba sobre su regazo, pero cada vez que levantaba la mirada hacia él lo encontraba viéndome de regreso con esa atención aguda que buscaba desnudar mi alma.

Lo peor fue durante la noche, pues la melancolía y el miedo pegan más duro. Tal vez por la oscuridad, por el silencio, por saber que es el final del día y que el tiempo sigue avanzando sin tu permiso.

Me acomodé el camisón y me quedé viendo al espejo largos minutos. No me reconocía. No era la misma que había llegado a esta casa. Mi vida se había retorcido tanto que simplemente dudaba que siguiera siendo yo.

¿Se puede extrañarse a sí mismo? Ahora sabía que sí.

Volteé hacia la cama, se veía como una trampa desde que había escondido la carta.

«Solo 9 días más», pensé, aunque no sabía si lograría completar la cuenta regresiva o me iría antes. Al parecer ahora dependía de Santiago y si lo dejaba en sus manos, entonces Matthew moriría.

Capítulo 34: Una bomba nuclear debajo del colchón 1

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