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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 48

SANTIAGO CASTAÑEDA

—¡Mateo! ¡Hora de irnos! —grité mientras salía con toda la actitud de la casa de mi padre. Era un manojo de nervios por dentro, pero el prepotente hijo de puta de siempre por fuera.

De repente una pirinola salió corriendo del jardín, sacudiendo sus cabellos castaños al aire. De un saltó se plantó a mi lado y sin darme tiempo para detenerme se aferró a mi pierna con cada una de sus extremidades.

—¡Papi! —gritó con fuerza y la mejilla embarrada en mi muslo mientras yo seguía caminando, esta vez abriendo más la zancada y con la pierna tiesa por llevar al niño colgando—. ¡Soy una pidaña!

Sin avisar, me mordió el muslo con la fuerza suficiente para hacerme llorar.

—¡Ahhh! ¡No! ¡Piraña mala! ¡Piraña mala! —exclamé sacudiendo la pierna, al final tuve que tomar al niño del cuello de su camiseta y alzarlo hasta que sus enormes ojos azules se encontraron con los míos y me sonrió con esos dientecitos chuecos. ¿Acaso esta era la venganza de Matthew por llevarme a su mujer y a su hijo? ¿Era el karma que me estaba alcanzando?—. Eres un salvaje.

Entorné los ojos mientras él los abría con sorpresa y sus manitas se estiraron hasta sujetarme del rostro.

—No soy un salvaje. —Negó con la cabeza sin dejar de verme a los ojos, como si me estuviera dando una lección—. Soy tu hijo y me quieres mucho. ¡Abrazo!

—¡¿Quééé?! ¡Acabas de morderme y piensas que solo por ser mi hijo voy a ignorar tu ataque y perdonarte?! —exclamé indignado, dejándolo por fin en el piso, con los brazos cruzados y gesto pensativo.

—Sip —contestó como si fuera lo obvio y extendió sus bracitos hacia mí, abriendo y cerrando sus manitas mientras me sonreía con tanto cariño que… me derritió.

Torcí los ojos y me incliné de inmediato para tomarlo en mis brazos y estrecharlo. No era mi hijo, pero… ¡cómo lo adoraba! Jamás creí que, después de una balacera, llegaría cansado a casa solo para forrar cuadernos, hacer tareas olvidadas y leer cuentos.

Julia era mi mejor amiga, pero esta criatura era mi bebé, hijo de mi corazón, lo amaba.

—Anda… tenemos que darle a mamá una noticia… —dije pensativo mientras seguía caminando hacia la camioneta.

—¿Buena o mala? —preguntó Mateo viéndome con curiosidad.

—Aún no lo sé. Supongo que depende del ánimo que tenga cuando se la diga —contesté confundido, esperando agarrarla de buenas.

***

—¡Por favor! ¡Podemos recurrir a la inseminación artificial! —exclamé mientras Julia echaba su té por la nariz—. No quiero conocer a la susodicha. Mi padre ¿va a conseguir a mi amante pensando en mis gustos o sus gustos?

—No creo que lo haga pensando en tus gustos, un hombre no puede parir —contestó con una sonrisa torcida mientras se limpiaba la nariz con una servilleta. Puse los ojos en blanco y me crucé de brazos—. Ahora que, si lo hace pensando en sus gustos, tendrás que acostarte con una mujer que se parezca a tu mamá.

—¡Qué asco! —exclamé nauseabundo antes de dejarme caer en el asiento del otro lado del escritorio—. No me dejará usar a quien yo quiera. Tú no quieres tener más hijos. Ya me chingué.

—No es que no quiera, solo no lo deseo ahora —contestó con esa ternura maternal que siempre lucía desde que nació Mateo.

Capítulo 48: Un pasado que no desaparece 1

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Capítulo 48: Un pasado que no desaparece 3

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