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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 50

MATTHEW GRAYSON

—¿A dónde irás? —preguntó mi madre confundida, con el ceño fruncido, mientras un par de sirvientas ayudaban a doblar ropa y meterla en mi maleta.

—Tengo que viajar a México —susurré sin voltear hacia ella, no quería dar explicaciones.

—¡¿A México?! ¡¿Para qué?! —exclamó alterada y me tomó del brazo—. Ese lugar es un nido de delincuentes. ¡Matthew!

Me sacudí su mano y por fin le presté atención, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.

—Porque la estúpida de Sharon está arruinando la empresa —siseé lleno de rabia—. El imperio que levanté en años de trabajo arduo se cayó gracias a que en este tiempo se encargó de correr a casi todos mis trabajadores de confianza y poner en su lugar a sus amigos que nunca han hecho nada por su vida más que estirar la mano para recibir dinero.

En la puerta se encontraba Sharon, escondida detrás del marco, viéndome con tristeza y miedo.

—Podemos arreglarlo… —susurró al borde del llanto. En otro momento querría consolarla y decirle que todo estaría bien, pero con cada día que pasaba a su lado, con cada oportunidad que tenía para darme cuenta de lo estúpida y vacía que era, más la odiaba.

—¡NO! ¡No pueden arreglarlo! —grité furioso y de pronto me quedé congelado, sentí una palpitación dolorosa en el pecho y escuché una voz femenina causando eco dentro de mi cabeza: «No puedes arreglar en 30 días lo que arruinaste en 2 años».

—¿Matt? ¿Estás bien? —preguntó mi madre preocupada al ver que ponía mi mano en el pecho y mis ojos se clavaban en el piso.

—¿Matty? —Sharon se acercó con intenciones de tocarme, fue entonces cuando desperté y la alejé, empujándola con el bastón.

—No hay manera de que los idiotas que tenemos en el departamento de informática lo solucionen —dije más tranquilo, pero con esa presión en el pecho que me torturaba siempre que los fantasmas del pasado que no recordaba me visitaban—. Cada día que pasa perdemos dinero, no podemos vender nada, tampoco comprar insumos. Estamos varados mientras la empresa se desangra. Las acciones están cayendo. Estamos al borde de la quiebra. ¿Eso quieren? Les recuerdo que sus vestidos finos y sus joyas salen del dinero que se gana en esa empresa.

—Matt… ¿tienes que ir tú? —preguntó mi madre preocupada y al borde del llanto.

—Si no voy yo, ¿quién lo hará? ¿Sharon? —contesté con una risa burlona—. Ya nos demostró que solo sirve como una cara bonita, porque esa cabeza está completamente hueca. No dejaré que arruine más las cosas, si es que eso es posible.

Sharon retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared, y comenzó a llorar, porque eso era lo único que sabía hacer cuando las cosas no salían como ella quería, llorar, como si eso pudiera solucionar todo.

—Matt… no seas tan cruel con tu esposa —agregó mi madre queriendo intervenir.

—¿Sabes qué? Tienes razón, también es tu culpa, por ponerla ahí en primer lugar —sentencié entornando los ojos—. Solo a ti se te ocurre poner a alguien tan poco capacitada como socia mayoritaria de una empresa que no entiende, sabiendo que en su vida ha trabajado, ni siquiera por curiosidad.

Tiré de mi maleta cuando las sirvientas acabaron, silenciosas y fingiendo ser ajenas al drama familiar. El mayordomo de inmediato tomó la maleta para dirigirse al exterior de la mansión conmigo detrás, mientras mi madre intentaba seguirme, deteniéndose antes del primer escalón.

De esa manera las dejé atrás en silencio y hundidas en su propia mediocridad.

Capítulo 50: Buscando a la CEO 1

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