JULIA RODRÍGUEZ
¡¿Cómo podía comportarse de esa manera?! ¡¿Cómo podía verme a los ojos y fingir que no me conocía?! ¡¿Lo estaba haciendo adrede?! ¡¿Quería demostrarme que el tiempo que estuve a su lado no le importó, ni siquiera lo guardó en su memoria?!
¿Tanto me odiaba?
A sus ojos lo había engañado, lo había abandonado y había tenido un hijo con otro hombre. Tal vez esto era lo mejor si íbamos a trabajar juntos.
—¿Tan desesperado estás que no te importa trabajar conmigo con tal de arreglar el problema en tu empresa? —pregunté deslizando mi mano de entre sus dedos, llevándome su calor en mi piel, consiguiendo que mi cuerpo temblara por los recuerdos que aún daban vueltas en mi cabeza.
Nunca pude sacarlo de mi corazón después de cinco años y su presencia no mejoraba la situación.
Matthew frunció el ceño confundido, y ladeó la cabeza como si no me entendiera.
—No sé si tú y yo tuvimos algún problema en el pasado. Lamento informarte que perdí casi tres años de mi vida y no tengo intenciones de recordarlos. —Levantó el bastón lo suficiente antes de volver dejar caer la punta sobre el piso—. No tengo tiempo para sentimentalismos. ¿Puedes con el trabajo o será mejor buscar a alguien más?
Me quedé sorprendida por lo directo que había sido, ¿en verdad consideraba haber perdido tres años de su vida? Curiosamente los mismo tres años que yo estuve en ella. ¡Bastante atinado!
Me sentí herida, indignada, pero al mismo tiempo una parte de mí lo entendía.
—Señor, yo recomendaría que le dé una oportunidad a JR, la considero muy capaz y si buscamos a alguien más, podríamos tardar lo suficiente para que la empresa se vaya a la quiebra —intervino Carl frotándose las manos con ansiedad—. Hablo en serio… es ella o es ella… se nos acaba el tiempo.
Matthew torció los ojos con fastidio, como cada vez que no tenía el control por completo en alguna situación. Entonces entornó los ojos y resopló.
—Bien, que Carl te mandé el informe del problema para que hagas un plan para resolverlo —dijo con firmeza, exigiéndome como el jefe que había conocido hacía tantos años, pero yo ya no era su secretaria, yo era la CEO de mi propia empresa y ya no me podía hablar así.
—Claro, y usted prepare la aprobación del presupuesto. Espero que esté dispuesto a desembolsar una buena cantidad de dólares —refunfuñé cruzándome de brazos.
—¿Piensas cobrar en dólares? —preguntó divertido, cruzándose de brazos.
—¿Qué ocurre? ¿No puede? ¿Tan mal está la empresa? —respondí fingiendo sorpresa y piedad. Si había algo que molestaba de sobremanera a Matthew era la lástima.
—Pon el precio que quieras —siseó molesto y entornó los ojos—, pero quiero ese plan para mañana a primera hora.


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