JULIA RODRÍGUEZ
—¿Nos vamos? —preguntó Lily con ese tono venenoso antes de subirse al asiento del copiloto.
—Oye… ese es el lugar de mi esposa —sentenció Santiago con el ceño fruncido, pero lo detuve, tomando a Mateo de sus brazos.
—Tengo que cuidar a mi bebé, no hay problema, que Lily se vaya adelante —contesté encogiéndome de hombros, mientras veía su rostro convertirse en una mueca de pánico y asco. Claramente no quería tener a Lily tan cerca.
Me metí al asiento trasero, acomodando la cabeza de mi bebé sobre mi regazo. Mientras acariciaba sus cabellos sentí la mirada de Lily a través del retrovisor. Aunque le sonreí, ella simplemente desvió la mirada y entonces, por un breve segundo, me acordé de Sharon, ¿sería tan mala como ella o me haría extrañar a esa rubia tonta y superficial?
Me gustaría decir que el camino a casa sirvió para limar asperezas, pero en realidad Lily estaba tan encantada con ser la amante de Santiago que no paró de hablar con él en todo el camino, y cada vez que yo intentaba opinar algo, me terminaba interrumpiendo o fingiendo que yo no había dicho nada.
A mitad de camino decidí hacerme la dormida para darle más privacidad, y funcionó, por lo menos de lado de Lily:
—Me explicó tu padre que… quiere que le demos un nieto —dijo apenada, agachando la mirada y apretando sus manos en el regazo—. Nunca hubiera aceptado ser la amante de un hombre casado, pero… yo…
»Santiago, sé que nunca te enteraste, pero yo…
Y justo cuando estábamos cerca de escuchar una confesión que venía cocinándose desde no sabía cuántos años, Santiago frenó abruptamente. Abracé a Mateo para que no cayera y acabara atorado entre los asientos, mientras que yo terminé dándole un cabezazo al asiento de Lily, haciendo que, al mismo tiempo, ella terminara casi contra el tablero.
Cuando busqué a Santiago con la mirada, noté que con una mano cubría sutilmente su sonrisa burlona mientras que la otra aún sostenía el volante.
—¿Qué pasó? —pregunté sin apartar mi mirada furiosa de él.
—Amorcito, no te duermas, es peligroso —susurró con ternura y pasó su mano entre los asientos, pellizcando mi nariz—. Sabes lo importante que eres para mí, me da miedo que te vayas a lastimar. Por favor, mantente despierta y mejor cuéntanos de cómo te sentiste en la exposición.
»Creo que sería agradable que Lily te conociera un poco más, se asombraría de saber que no eres solo una programadora excepcional, sino también una pintora que poco a poco se está volviendo de renombre.
Claro… presumirme frente a su amante celosa. ¡Me estaba echando a los leones!
—Sí, Julia, platícame más de ti —dijo Lily asomándose entre los asientos y dedicándome una de esas sonrisas rígidas que ya empezaba a conocer tan bien.
A regañadientes tuve que platicar de mí misma, lo suficiente para que Lily me conociera, lo mínimo para que no me odiara más de lo que ya lo hacía, pero Santiago no dejaba de presumir mis logros. Si bien no era desdeñoso cuando Lily hablaba de los suyos, tampoco mostraba tanta emoción como lo hacía conmigo.
—Me apena mucho dejarte sola con Santiago —dije fingiendo estar apenada una vez que dejé a Mateo en su cama. Santiago abrió los ojos tanto que parecía que se le iban a salir, pero Lily sonrió, sabiendo que tenía una oportunidad—, pero tengo mucho trabajo para mañana y no podré acompañarlos.
—¿Santiago? —escuché su cantarina voz mientras pensaba, sentado en el borde de la cama, con un trago de tequila en la mano y la mirada perdida a través de la ventana. Cuando volteé, ella lucía un hermoso camisón de seda que, aunque no era muy revelador, la hacía ver sensual—. ¿Podemos hablar?
—Estoy cansado… —susurré poniéndome de pie y acabándome mi trago de una sola intención.
—Por favor… solo será un momento —insistió posando sus manos sobre mi pecho desnudo y haciendo brillar sus ojos en la penumbra—. Hablé con tu padre mucho antes de llegar aquí. Estoy consciente de lo que tengo que hacer.
—Ah… Lily… —Esto se estaba volviendo más complicado e incómodo.
—Sabes que en la escuela yo siempre estuve enamorada de ti. Ahora entiendo que no puedo aspirar a ser tu esposa, Julia es quien se ha quedado con ese lugar y lo respeto —susurró y agachó la mirada, herida, con una sonrisa rota—, pero no sabes cuánto me consuela pensar que por lo menos puedo tener un bebé tuyo.
¿Qué tanto debía amar una mujer a un hombre para conformarse con tan poco? ¿Qué tanto debía de estar rota una mujer para aceptar el lugar de la amante por amor?
Se estiró, buscando alcanzar mis labios con los suyos, pero antes de poder besarnos, me aparté y abrí la puerta de la habitación, invitándola a salir.
—Esta noche no, Lily, me siento muy cansado… —susurré con pesar y mantuve mi mirada apartada de su actitud desilusionada y andar cansado. Mi rechazó le dolía, pero… como bien había dicho, esa noche no estaba de humor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!