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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 75

SANTIAGO CASTAÑEDA

—Creo que perdí mi collar —dijo Julia paseando sus manos por su cuello mientras sus ojos se movían por la mesa.

—No lo perdiste, te lo robaron. Después lo recupero. —La tomé del brazo y la alejé de ahí, llevándola a un lugar apartado donde nadie nos pudiera escuchar. Desde ahí pude ver la cruel escena. De pronto todo el aprecio y cariño que sentía por mi padre volvía a estar en el piso, como cuando era niño y lo veía por primera vez ser cruel con el corazón de mi madre.

Ahí estaba entre la gente, con Carmen a su lado, acariciando su brazo, acomodando la solapa de su saco, susurrándole cosas al oído que lo hacían sonreír, del otro lado mi madre, con la mirada clavada en el piso, el gesto serio, manteniéndose de pie, pero cayéndose a pedazos como lo hacía en el pasado.

Pensamos que el pasado de papá había quedado sepultado y escondido. Que no regresaría, pero siempre vuelve.

Mi papá fue infiel por mero placer, por creer que era demasiado hombre para tener una sola mujer. Mi madre fue infiel por venganza, para querer herirlo y que sintiera lo que ella sentía. Mientras mi padre podía pavonearse con sus amantes frente a todos, como si eso elevara de alguna manera su «estatus», mi madre tenía que ser cuidadosa, pues amante que fuera descubierto por mi padre, amante que perdería la vida.

¿Aún había amor entre ellos? Tal vez, uno roto y retorcido que aún los obligaba a permanecer unidos, o solo era dependencia.

—¿Qué pasa? —preguntó Julia confundida, dirigiendo su atención en el mismo sentido de mi mirada—. ¿Es la amante de tu papá?

—Y el de atrás, el bastardo de mi medio hermano —dije entre dientes, sintiendo como el odio comenzaba a crecer dentro de mi estómago.

—Se nota, son muy parecidos —contestó con un suspiro—. Aunque él parece más fornido.

—Papá siempre ha tenido amantes, pero… nunca permitió que estas tuvieran a uno de sus hijos. Era su manera de mostrar respeto a mi madre. —Tenía los dientes tan apretados que comenzaban a dolerme las mandíbulas—. Ahora entiendo porque Carmen desapareció del mapa hace tantos años.

»Ella siempre alardeaba de que era el verdadero y único amor de mi padre. De seguro él, al saber que estaba embarazada, la escondió en algún otro lugar para que diera a luz al bastardo ese. —Sentía tanta rabia, pero no sabía contra quién, si contra mi padre, contra el bastardo, o contra la zorra de Carmen. Entonces las manos de Julia acariciaron mi brazo. Era la primera vez que me veía así, sin una sonrisa torcida y burlona para esconder mis emociones.

—¿Por qué crees que están aquí? —preguntó en un susurro.

—No lo sé… tal vez… por… la enfermedad de mi padre —respondí no muy seguro y entonces regresé mi atención hacia Julia—. Él quiere que le dé un nieto biológico, sabe que Mateo no es mío.

Su rostro palideció y retrocedió sorprendida.

—Tranquila, no está enojado —dije de inmediato envolviéndola en mis brazos, queriendo consolarla—. Ama a Mateo como si fuera su nieto, pero no lo ve como futuro sucesor de la organización. Para él la sangre es más densa.

Capítulo 75: Cubriendo apariencias 1

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