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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 78

MATTHEW GRAYSON

Tiré de mi corbata que estaba desanudada y con cuidado envolví su brazo, a la altura de su herida que poco a poco había dejado de sangrar. Temía que esta se infectara o se abriera más mientras el médico llegaba.

Con una gentileza y delicadeza que desconocía, le hice un pequeño nudo, lo suficientemente firme para que la tela no resbalara de su herida, pero no tanto que la pudiera lastimar más. Solo tenía que ver a Julia para sentir que mis manos podían ser las más minuciosas y dulces si se trataba de ella y de su piel.

Una tenue voz me susurraba al oído que cada gesto piadoso, cada acto de amor, cada sacrificio que pudiera hacer, tenía que estar dedicado a ella, que era la única mujer en el mundo que podría merecérselo, no sabía por qué, pero en el fondo estaba convencido de que así tenía que ser.

—Cada camino que tomo, siempre me lleva a ti —susurré con la frente pegada a la de ella—. No importa si te perdí en mis recuerdos. No hay manera de que pueda escapar de ti.

Levantó sus hermosos ojos y sus labios se separaron suavemente. Ya no pude contenerme. Simplemente me perdí, cedí, la atracción que sentía hacia ella me doblegó. Presioné mi boca en la suya, arrancándole el aliento con desesperación, empujándola hacia abajo, recostándola sobre las suaves sábanas de lino.

Era como si esa bomba que crecía con cada encuentro que teníamos hubiera explotado por fin. Este deseo mezclado con necesidad en mi pecho por fin era libre. Mis manos buscaron su cuerpo, frustrándose al encontrarse con su ropa. Necesitaba sentir su piel. Necesitaba sentirla a ella.

El eco de susurros y gemidos del pasado llegaban a mis oídos, mi nombre saliendo de su boca, confirmándome que ese tiempo que perdí llevaba su nombre y su aroma. Sus manos acariciaron mi rostro con una paciencia que parecía infinita, como si quisiera grabarse cada línea, cada textura, o simplemente recordando a través de su tacto.

Ella no me detuvo y yo no retrocedí. Me deshice de cada prenda, conteniendo mi desesperación, mis deseos por rasgar sus bragas, como si de esa forma fueran más claras mis intenciones de hacerla mía.

Mis labios descendieron lentamente por su cuello, escurriéndose por sus pechos y bajando por su vientre. Su piel sabía a durazno y miel, me enloquecía, me dominaba, y cuando me di cuenta ya estaba entre sus piernas, tomándola con una firme embestida que la hizo arquearse, mientras sus manos se aferraban a las sábanas, retorciéndose.

Jadeó con los ojos apretados y los labios temblorosos, dejando que mi cuerpo la cubriera. Sus muslos se apretaron a ambos lados de mi cintura, suplicándome en silencio que no me detuviera, y yo estaba dispuesto a estirar el tiempo. Haría que la noche se volviera eterna.

Capítulo 78: La dueña de mis recuerdos 1

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