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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 81

JULIA RODRÍGUEZ

La luz de la mañana se escabulló por las cortinas y después de un bostezo adormilado, por fin abrí los ojos. Por un breve momento yo no recordé dónde estaba ni por qué estaba ahí hasta que al estirar mis brazos, uno de ellos dolió. Entonces todo cayó sobre mí de manera abrupta: Esos tipos en la calle, los disparos, el auto, Matt… ¡Matt!

Me senté de un brinco en la cama y sostuve la sábana sobre mi pecho. Ahí estaba él, profundamente dormido mientras yo estaba al borde del colapso. Roncaba suavemente, boca abajo, con sus cabellos revueltos y esa paz que recordaba en su rostro.

Puse más atención y lo vi, esas cicatrices adornando su piel. Parecían viejas, pero advertían que habían sido profundas y dolorosas. Entonces alcé la mirada hacia el bastón que usaba.

—Julia… —susurró aún dormido, sonriendo como si pronunciar mi nombre fuera suficiente para hacerlo feliz entre sueños. Acomodé con cuidado sus cabellos y besé la comisura de su boca.

Apenas puse un par de centímetros de distancia entre los dos, y supe que no había manera de que esto llegara lejos. Él ya estaba casado con Sharon y yo con Santiago. Aunque mi matrimonio no era serio, el suyo de seguro sí y no planeaba intervenir, no más de lo que la adrenalina y la nostalgia me orillaron a hacer.

Salí de la cama, recogí mi ropa y me dispuse a alejarme, como lo hice antes, como estaba acostumbrada a hacerlo.

Cuando pensé en quitarme su corbata del brazo me detuve, justificándome que la necesitaba para cubrir mi herida, pero sabiendo en el fondo que era un recuerdo, el último, uno que atesoraría.

Salí corriendo de la habitación. Agachando la mirada para que nadie más me reconociera, aunque era imposible, me habían visto entrar anoche, era obvio que sus sospechas eran ciertas.

—¡Julia! —exclamó Carl con emoción en cuanto llegué a la recepción. Quise ignorarlo, pero ya estaba a mi lado, levantando las cejas con picardía—. ¿Pasando la noche con el jefe?

—Si no te importa, preferiría no hablar del asunto —dije sin dejar de caminar, directo hacia la puerta, pero Carl no parecía querer dejar el tema.

—Está bien, no quiero detalles. Suficiente con lo que escuchamos el doctor y yo cuando llegamos a la habitación. No tuvimos que abrir la puerta para saber lo que estaban haciendo —contestó encogiéndose de hombros con las manos guardadas en sus bolsillos.

—Ambos estamos casados. Nada de lo que pasó en esa habitación estuvo bien. No vayas de lengua floja con su esposa. —Le dediqué una mirada cargada de resentimiento y presioné mi índice en su pecho con cada palabra que pronuncié.

—Tranquila, mi fidelidad está contigo, frijolita —contestó con media sonrisa y una mirada serena.

Abrí la boca lista para seguir quejándome cuando vi ese brillo curioso en sus ojos y lo entendí todo.

Capítulo 81: Destinados a reencontrarse en cada vida 1

Capítulo 81: Destinados a reencontrarse en cada vida 2

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