Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 84

SANTIAGO CASTAÑEDA

—¡5 millones a las tres! —gritó el presentador y golpeó con fuerza con el martillo—. Señor Castañeda, el collar es suyo por 5 millones. Por favor, venga a disfrutar de su premio.

Javier regresó su atención al frente, ignorándome, pero sin perder la sonrisa. Con algo de duda me levanté de mi asiento, me ajusté el saco y de nuevo dirigí mi atención hacia Alex, que me esperaba en el escenario, con media sonrisa, disimulando lo aliviada que estaba, manteniendo su mirada arrogante que había recuperado al sentirse a salvo.

—Dame el collar… —susurré y estiré mi mano entre los dos, pero en vez de recibir la joya, me tomó de la mano.

En cuanto su piel tocó la mía, sentí como una corriente eléctrica salió de sus dedos y recorrió todo mi cuerpo en segundos, obligándome a bajar la mirada hacia ella. Sus ojos verdes eran como dos esmeraldas grandes y vivas que me veían victoriosas y su sonrisa me hizo tragar saliva.

—Te lo entregaré, pero no aquí —contestó sonriendo con sus hermosos dientes blancos.

Entrelazó sus dedos con los míos y me llevó en la misma dirección donde estaban esos cuartos privados. En cuanto abrió la puerta, me di cuenta de que era lo que se venía a hacer, no era solo un intercambio material. La cama matrimonial con sábanas negras y esa tenue iluminación rojiza me advertía que podíamos hacer de esto algo más carnal.

Antes de que Alex cerrara la puerta, vi como Javier se levantó de entre los asientos y dirigió su mirada hacia mí. Sus ojos estaban cargados de rencor, pero su boca era una sonrisa torcida, llena de satisfacción. Se dio media vuelta y se alejó antes de que lo perdiera por completo de vista.

—Sabía que vendrías —dijo Alex terminando de cerrar la puerta y sentándose sobre el borde de la cama. Echó sus manos hacia atrás, apoyándolas sobre el colchón, mientras se cruzaba de piernas.

—Querías que te comprara —contesté paseando mi mirada, desde sus delicados tobillos hacia sus pechos. Era una mujer. Ahora estaba completamente seguro.

Y era la mujer más hermosa que había visto en mi vida.

—Ya has visto lo que le hacen a las mujeres aquí —dijo inclinándose hacia delante, dándome una mejor vista de su escote—. Necesitaba el dinero, pero no pensaba dejar que ninguno de esos hombres asquerosos me tocaran.

—¡Vaya! ¡Gracias por no considerarme asqueroso! —exclamé confundido. ¿Eso había sido un halago?

Alex sonrió de medio lado y me puse nervioso. Se levantó y caminó con desenfado a una pequeña mesa donde había una botella de licor y dos vasos.

—Gracias a ti soy libre —agregó mientras servía—. En una sola subasta rebasé la cuota que tenía que pagar.

—¿De qué hablas? —pregunté en cuanto me ofreció el vaso. Inhaló profundamente y su mirada se clavó en la cama.

—Los hombres roban, las mujeres mueven las joyas. Así es este negocio. El comprador cierra el trato con ellas en la cama —dijo con coraje contenido—. Aun así, aunque las mujeres se lleven el peor trabajo, les pagan menos, y si quieren salirse de esto deben de juntar el dinero suficiente para comprar su libertad.

»Algunas tardan años siendo subastadas junto con las joyas.

—Porque… lo eres… ¿cierto? —preguntó con un temblor en su sonrisa—. Esas mujeres en tu vida solo son la tapadera perfecta. En realidad, te gustan los hombres… ¿no?

—¡¿Es en serio?! ¡¿Eso es lo que crees?! —exclamé indignado y la tomé con firmeza por la muñeca.

—No es solo lo que yo creo, es lo que los rumores dicen —sentenció frunciendo el ceño—. La gente habla. Tu hijo no se parece a ti, ya van más de cinco años desde que tu esposa lo tuvo y no han tenido otro.

»Oye… no tienes que fingir conmigo, no pienso ir por la calle gritando tu… «secreto», que ni es tan secreto. —Torció los ojos y sonrió.

—Déjame ver si entendí… —dije con paciencia, intentando mantenerme en mis cabales—. El dinero que di no solo es por el collar, sino también por ti, por una noche contigo.

Entonces la sonrisa se le difuminó del rostro y entornó los ojos. Antes de que pudiera responder la tomé por las caderas y la subí al pequeño mueble, tirando la botella de licor al piso. La rajada en su vestido era lo suficientemente amplia para ver su muslo blanco y tierno. Apoyé mis manos en sus rodillas y las abrí lentamente.

—O-oye… ¿q-qué haces? —tartamudeó nerviosa, con las mejillas sonrojadas y su respiración agitada.

—Reclamando lo que es mío —contesté con firmeza, tomándola por la corva de ambas rodillas y tirando hacia mí, haciendo que sus muslos quedaran a cada lado de mi cintura y sus manos pasaran de mi pecho a mi cuello, aferrándose a mí, mientras podía sentir el calor de su piel atravesando mi ropa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!