Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 92

ALEX GARCÍA

—No puedes servir al Señor con manos manchadas de engaño… —dijo la madre superiora caminando rápidamente frente a mí. Sus hábitos se sacudían con la misma fuerza de sus pasos y su indignación.

—Madre… —susurré, pero se detuvo en seco, con las manos colgando unidas a la altura de su regazo y dirigiendo su mirada furiosa hacia mí, haciéndome callar.

—No porque robes con amor, el pecado se disfraza de virtud —sentenció con voz dura—. Alex, la luz no nace del pecado, no brota agua dulce de una fuente amarga.

—¿Pero no dicen que ladrón que roba a ladrón…?

—¡Robar es robar! ¡Al rico o al pobre! ¡Al indefenso o al fuerte! ¡Sigue siendo pecado! —me interrumpió con firmeza. No voy a decir que me intimidó como antes porque ya estaba acostumbrada a sus regaños—. ¡Y no me tuerzas los ojos!

De un manotazo me hizo brincar. No era la novicia más devota ni la más comprometida, pero debía de admitir que hacía más que todo el convento junto.

—No entiendo cual es el problema, solo hice un pequeño donativo al orfanato donde crecí… —dije encogiéndome de hombros y siguiendo mi camino.

—¡¿Pequeño donativo?! —exclamó tomándome del brazo—. Un millón no es un «pequeño donativo». En cuanto supe que alguien «sin nombre» había dejado esa cantidad en la puerta, pensé en ti de inmediato. ¡¿Ahora qué hiciste?!

—¡Nada! —refunfuñé y suspiré con cansancio.

—Mentir también es un pecado —sentenció y me tomó del rostro—. Alexandra, sé que quieres ayudar, pero esa no es la forma. Escogiste el camino de Dios… pero parece que solo usas el convento y la fachada de novicia para esconderte después de cometer un crimen.

Sabía que el convento era el único sitio donde no se meterían a buscarme ninguno de los criminales. De por sí, la mayoría pensaba que quien les había robado era un hombre, haciendo más improbable que se pongan a buscar a una monja.

—Madre, sabe que quiero estar en el convento por convicción propia —respondí con una sonrisa tensa, porque en el fondo sabía que no era del todo cierto.

Durante años esperé que una familia me adoptara. Veía entrar y salir parejas que pasaban su mirada en cada niño, pero entre más años cumplía, menos se fijaban en mí. Ser niña y ser traviesa no era algo bueno en mi curriculum. Cuando cumplí 18 años, me dieron mi certificado de preparatoria, algo de dinero y me arrojaron a la calle.

Por suerte recordaba a ese grupo de monjas que visitaban escuelas y orfanatos, que alguna vez mencionaron que el convento tenía las puertas abiertas para todas las niñas que quisieran profundizar su vocación en la fe. Yo no tenía vocación, pero tenía frío y hambre.

Tenía miedo.

—Tienes que comprometerte a cambiar… Solo tú puedes salvarte —dijo la madre superiora sacándome de mis pensamientos y acariciando mi mejilla—. Eres una mujer fuerte. Pronto te convertirás en monja y tus responsabilidades en el convento y en nuestra fe aumentarán. ¿Ya pensaste en el nombre que adoptarás? Recuerda que representara tu transformación espiritual.

Capítulo 92: Pecado disfrazado de virtud 1

Capítulo 92: Pecado disfrazado de virtud 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!