JULIA RODRÍGUEZ
—Por favor, come… —dijo Matt con tranquilidad, una que me congelaba la sangre. Me hizo recordar al frío CEO que podía ganarle una negociación al diablo. ¿Eso era lo que estaba haciendo, negociando?—. Espero que te guste lo que pedí preparar. No esperaba que llegaras antes, pero por suerte todo está listo.
Mi corazón dio un vuelco cuando vi todos los platillos sobre la mesa. Cada cosa que le había dicho que me gustaba en esos dos años de matrimonio que tuvimos, estaba ahí.
—Tu voz… resuena en mi mente, a veces con fuerza, a veces como un suave susurro —dijo como si pudiera interpretar mi mirada de indignación—. No tengo que ser muy inteligente para saber que no fui el esposo que esperabas.
—Tienes razón, no lo fuiste —contesté tajante, tomando la copa de vino, necesitaba agarrar valor—. Quise convencerte con amor. Quise ser la esposa de la que te sintieras orgulloso. Nuestra boda solo fue una manera de retenerme, pero no de amarme, nunca lo hiciste.
—¿Cómo estás tan segura? —preguntó con voz calmada mientras recargaba la mejilla en la palma de su mano. Su mirada era serena.
—Después de romperme el corazón tantas veces, no me quedó duda —contesté con una sonrisa cargada de ironía.
—No lo sé… Tiene que ser un error —dijo con el ceño fruncido y resoplando—. Lo que siento aquí, en mi pecho, no puede ser falso.
»Siempre he sido un hombre que se controla ante cualquier situación, pero tú haces que se me acelere el corazón y me tiemblen las piernas. No creo que esto que siento por ti sea algo que apenas estoy descubriendo —agregó mientras presionaba sus dedos en el centro de su pecho, como si quisiera meterlos y arrancarse el corazón—. Este sentimiento es añejo.
—Pues si me amabas antes, no te gustaba demostrarlo —contesté dejando la copa sobre la mesa con la fuerza suficiente para que un poco de vino salpicara el mantel—. No sé de donde sacaste la idea de que Mateo es tuyo, pero te equivocas. No permitiré que arruines a mi familia.
—Hice un estudio —sentenció con calma.
—¿Cómo sé que no es falso? —pregunté entornando los ojos.
—¿Cómo podría ser falso? ¿Tienes experiencia falsificando documentos así? ¿Por eso lo mencionas? —La calma en su voz y gesto no concordaban con la fuerza de sus palabras. Se sentía en control de la situación—. Julia, no quiero hacer esto más difícil de lo que ya es.
»Quiero a mi hijo. Me has privado de cinco años sin él. Tiene derecho a conocerme, tiene derecho a tener una relación conmigo igual que yo tengo derecho a estar con él —sentenció con firmeza inclinándose hacia mí.
—No —respondí sin argumentos ni defensa, solo me levanté indignada y fingí que eso sería suficiente, pero de inmediato se levantó detrás de mí, me tomó por el brazo y me obligó a girar hacia él, para ver esos ojos azules tan intensos y penetrantes.
—No te estoy preguntando… —susurró y pellizcó mi mentón para levantar mi rostro hacia él—. Julia… tienes dos opciones. Lo haces por las buenas y aceptas volver con el niño, o entonces tendrá que ser por las malas…



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!