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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 98

ALEX GARCÍA

—Por favor, haz caso de lo que te dice el doctor —pidió Santiago con dulzura—. Si algo te pasa, ¿qué será de Mateo y de mí?

—Estoy bien —insistió Julia levantando la mirada hacia él, llena de decisión y reto, pero él solo sonrió y negó con la cabeza.

—Necia… —susurró sin perder la sonrisa—, o regresas a esa habitación o te meto a la fuerza.

Pellizcó su mentón y le dio un beso en la frente que me descolocó. Había un cariño implícito en sus palabras, en sus gestos, en la manera en la que se veían, algo con lo que claramente no podía competir.

—¿Hermana Alexandra? —preguntó la madre superiora detrás de mí—. Será mejor que nos vayamos. Podremos regresar mañana. No se meterán con los niños, pero es peligroso para nosotras.

Asentí con los dientes apretados, cuando volteé hacia Santiago para verlo una última vez, él me estaba viendo de regreso. Había escuchado a la madre superiora llamarme. Lucía confundido, bajó su mirada hacia Julia que seguía entre sus brazos, entonces la aventó hacia el doctor como si de pronto el cuerpo de su esposa le quemara.

Torcí los ojos con fastidio antes de dar media vuelta y tomar la mano de la madre superiora.

—¡Alex! —escuché a la distancia y decidí apresurar el paso, haciendo correr a la madre superiora.

—¡Tranquila! ¡No tengas miedo! ¡No nos harán daño! —dijo ella sujetando con una mano las telas sobre su cabeza para que no se le cayeran. Lo que no sabía era que yo estaba huyendo por otro motivo.

No quise ver por encima de mi hombro, sentía que sus pasos estaban cada vez más cerca, cuando llegamos a las puertas del hospital, solté a la madre superiora y me giré hacia él. Mis oídos no mentían, Santiago estaba demasiado cerca y sus hombres casi rodeándonos.

—Alex… —susurró mi nombre mientras sus ojos de nuevo me intentaron cautivar. Apenas su mano rozó la mía cuando la madre superiora tiró de mí, escondiéndome detrás.

—Es una mujer entregada al señor, no permitiré que un hombre de su categoría la lastime ni la abuse —sentenció con fiereza, conmoviéndome hasta los huesos. La madre superiora era una mujer gentil, pero feroz defensora de su convento y sus monjas.

—Madre, con todo respeto, creo que no tiene idea de con quién está hablando —dijo Santiago ansioso, sin despegar su mirada de mí.

—Tú eres el que no tiene ni idea de con quién está hablando —sentencié molesta. Entonces, detrás de él, su esposa, con la mirada curiosa, sosteniéndose la batita que le habían puesto, paseando la mirada en cada uno de nosotros, esperando una explicación.

—¿Qué les estás haciendo? —preguntó indignada antes de darle un manotazo en el brazo—. ¿También molestas monjas? ¡¿Es en serio?!

—Julia… no te metas —murmuró Santiago aún con la mirada enganchada a la mía.

—Madre superiora, vayámonos. —Así fue como ambas dimos media vuelta y salimos del hospital. Cada uno en su lugar. Yo más que nunca decidida a respetar mis votos como futura monja y él al lado de su mujer, como tenía que ser.

La madre superiora se había equivocado, nadie me esperaba fuera del convento, no tenía la mínima intención de encontrar amor y formar una familia, no quería ser mamá. De niña no tuve una familia y no recibí ese amor, así que… ¿cómo sabría crear de cero algo que nunca tuve?

Capítulo 98: La dueña de su corazón 1

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