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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 99

SANTIAGO CASTAÑEDA

Suspiré agotado sabiendo que era una pelea que ya la tenía perdida. Retrocedí hasta el sofá y me dejé caer sobre él. La cabeza comenzaba a darme vueltas.

—Es la mujer de la que te hablé —confesé con la mirada clavada en el techo, imaginándome esos hermosos ojos verdes que me traían como pendejo—. La mujer con la que pasé la noche.

El silencio de Julia se hizo tan largo que pensé que no me había escuchado, entonces posé mi atención en ella, parecía estar reflexionando sobre cada palabra.

—Es una monja… —Señaló hacia la puerta con el ceño fruncido antes de entrar en pánico.

—Novicia… —corregí como si eso pudiera cambiar algo.

—¡¿Te cogiste a una monja?! ¡Bueno, tú… ¿no puedes mantener los putos pantalones arriba?! ¡¿Es en serio?! —exclamó indignada y manoteando—. ¡Hay un límite, Santiago!

—Lo sé —susurré sintiendo un retortijón en el corazón—. Ella es ese límite.

El límite que me decía que ya era hora de dejar de jugar y enfrentarme a lo que sentía, por mucho miedo que eso diera.

—Es la novia de Dios —dijo Julia en un susurro como si temiera que el cielo la fuera a escuchar, mientras sus manos se aferraban a la sábana y su rostro era una mueca de terror—. ¡Te estás metiendo con la novia de Dios!

—¡Ay, por favor, ya tiene muchas! —exclamé torciendo los ojos y cruzándome de brazos.

Ya había hecho muchas cosas para ganarme el infierno, robarme a una monja no causaría gran diferencia, y prefería mil veces una vida con Alex a pasar la eternidad en el cielo.

¡¿En verdad pensaba eso?!

¿Qué me había hecho esa mujer?

***

JULIA RODRÍGUEZ

Era incómodo, demasiado, estar en silencio dentro de la habitación, sin poder salir, sola con mis pensamientos que a veces eran demasiado peligrosos. Podía jurar que el goteo del suero sonaba con la fuerza de una roca golpeando un estanque.

—¡Me voy a volver loca! —exclamé tirando de mis mejillas hacia abajo. Santiago había dejado a un par de hombres apostados en la puerta de mi habitación, porque no quería que desacatara las órdenes del doctor, pero principalmente, no quería que volviera a ver a Matt.

«¿No te das cuenta, Julia?», había preguntado indignado cuando por fin le había contado todo. «Cada vez que estás con él resultas herida de alguna manera. ¿En verdad quieres repetir el ciclo hasta que alguno de los dos, o los dos, pierdan la vida; hasta que el dolor sea insostenible? ¿Eso quieres?».

No, no quería eso, pero también me había dado cuenta de que estar lejos de Matt dolía de igual manera.

—¡Hola, hola! —exclamó Liliana entrando con un enorme ramo de flores, tan grande que no se le veía ni la cara—. ¿Cómo estás?

Dejó el arreglo en el mueble y se acercó con esa inocente sonrisa que ya me ofrecía sin rencor ni celos.

—Bien, solo en observación —contesté con media sonrisa—. ¿Cómo está Mateo?

—¡¿Qué?! ¡Pero… ¿cómo?! —Retrocedió como si mi petición hubiera sido un golpe en la boca del estómago—. Nop, no lo haré. Demasiado arriesgado, demasiado complicado…

—¡Por favor! ¡Eres la única que puede hacerlo! —exclamé tomándola de las manos.

—¡Ajá! ¿Cómo planeas que lo haga? ¡No hay manera de que no terminemos en problemas! —exclamó mientras yo me salía de la cama y comenzaba a quitarme todos los sensores, apagando los monitores para que no me delataran.

—Tengo un plan —solté con media sonrisa, plantándome frente a ella, notando que éramos de la misma talla y mismo color de cabello.

Cinco minutos después…

—No me gusta tu plan —murmuró mientras se veía la bata de hospital—. Es obvio que Santiago se dará cuenta.

—Tranquila, yo seré quien lo enfrente —contesté con media sonrisa mientras alisaba el vestido de Liliana, entonces me di cuenta de que no me quedaba igual, yo no tenía tanto busto y el escote se veía flojo. ¡Bueno! ¡Detalles!—. ¿Estás lista?

—No —refunfuñó con la actitud de niña regañada—, pero supongo que lo haré de todos modos.

—¡Por eso tu eres la amante favorita! —exclamé dándole otro abrazo.

—¡Por eso tu suegra me odia! —dijo fingiendo con ironía el mismo entusiasmo. Su sonrisa se borró y torció los ojos antes de poner la mano sobre el pomo de la puerta—. No tendrás mucho tiempo, así que aprovéchalo.

Y entonces salió de la habitación.

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